Esta metodología ha sido además implementada en una herramienta de uso libre, el programa informático Conefor3, que está teniendo una amplia repercusión y difusión internacional, con aplicaciones en una gran variedad de casos de estudio desde Brasil hasta Finlandia y desde Estados Unidos hasta China.

La conectividad ecológica (también llamada conectividad del paisaje) se define como el grado en que el territorio facilita el movimiento de las especies, el intercambio genético y otros flujos ecológicos entre las poblaciones y hábitats distribuidos a lo largo del mismo. El mantenimiento y fomento de la conectividad ecológica es una pieza clave en los esfuerzos nacionales e internacionales para la conservación de la biodiversidad, al permitir contrarrestar los efectos adversos de la fragmentación y aislamiento de los ecosistemas y facilitar la adaptación de las especies a los desplazamientos en sus áreas óptimas de distribución causados por el cambio climático y otros factores.

Garantizar la viabilidad y persistencia de la fauna y flora

En un contexto de crecientes presiones a escala global sobre los ecosistemas naturales derivados de la deforestación, la expansión de las redes de transporte, los desarrollos urbanísticos, la intensificación de la agricultura y otros cambios en los usos del suelo, es necesario tomar medidas que contribuyan a garantizar la viabilidad y persistencia de las especies de fauna y flora. Entre ellas, la gestión y conservación de la conectividad ecológica deben jugar un papel protagonista, tal como recogen numerosas iniciativas, políticas y legislaciones vigentes en España y en el conjunto de la Unión Europea. Por estos motivos, cada vez es mayor el énfasis otorgado a medidas como el establecimiento o restauración de corredores y otros elementos conectores entre hábitats, la permeabilización del territorio, o la defragmentación y mitigación del efecto barrera de autopistas y otras infraestructuras viarias.

Sin embargo, la aplicación práctica de estos conceptos y consideraciones se ha visto limitada en la práctica por la falta de procedimientos y metodologías contrastadas que, con una base sólida y cuantitativa, permitieran a los gestores incorporar de manera efectiva y operativa criterios de conectividad ecológica en la planificación territorial, el diseño de redes de espacios protegidos, o la conservación de especies amenazadas.

Para superar estas carencias, investigadores de la ETSI de Montes de la UPM, dirigidos por el catedrático Santiago Saura Martínez de Toda, en colaboración con otros centros, han desarrollado esta nueva metodología que a pesar de ser muy reciente está alcanzando ya una amplia difusión y aceptación a nivel mundial, habiéndose convertido en una de las referencias internacionales en este campo. El Conefor ha sido ya utilizado por una gran variedad de grupos y organismos de numerosos países.

Las aplicaciones del Conefor realizadas hasta la fecha incluyen, entre otras, el planeamiento de desarrollos urbanísticos en la región de Estocolmo (Suecia), la identificación de zonas críticas para la conservación de aves amenazadas en España y Brasil, la evaluación del impacto de las infraestructuras viarias en China y Europa y sus posibles medidas de permeabilización, los planes de recuperación de las poblaciones de especies amenazadas en Estados Unidos, el diseño de redes de corredores y planes de reforestación, la evaluación de la efectividad de las redes de espacios protegidos y otras figuras de protección en países como Finlandia o Alemania, o el seguimiento de indicadores de biodiversidad y la fragmentación de los ecosistemas en Europa por parte de la Comisión Europea y la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Actualmente se continúa trabajando en el desarrollo de esta metodología y herramienta informática y en las aplicaciones relacionadas gracias a la financiación del Plan Nacional de I+D+I y otros programas de investigación.



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