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La asociación española de fabricantes de automóviles y camiones (Anfac) publica cada trimestre la evolución de la movilidad eléctrica en nuestro país y los resultados no suelen acompasar los discursos triunfalistas sobre nuestro proceso de descarbonización en el ámbito de la movilidad.

El último ‘barómetro’ referido al primer trimestre de 2021 presenta retrocesos respecto al que evaluó la situación en el periodo octubre-diciembre del año anterior, y eso que hay un dato que no ha podido manejar en esta nueva entrega, el de las infraestructuras de recarga en Europa. En cualquier caso, resume la situación con una preocupante frase: seguimos en el furgón de cola. O incluso en la parte trasera de ese vagón.

Movilidad eléctrica

El informe reseña que España ha progresado en 2,3 puntos en el indicador global de movilidad, que valora la penetración de los vehículos electrificados y la instalación de infraestructuras públicas de recarga. Eso significa que está la tercera por la cola con 20,9 puntos y más alejada de la media de la Unión Europea, que el barómetro sitúa en 44,5 puntos, 4 por encima de los que acumulaba a 31 de dicembre de 2020.

Mantenemos, por lo tanto, un ritmo de crecimiento de la movilidad eléctrica la mitad de intenso que el de la media europea y no digamos ya con los países que lideran la tabla como Noruega (298,5 puntos) o Países Bajos (122,8). Alemania, tercero de la lista, consigue una evaluación de 62,7 puntos.

Hay que explicar que este índice general valora en 100 puntos el cumplimiento total de los objetivos que se pretenden alcanzar, que son llegar al 10% de cuota de mercado de vehículo electrificado, al 70% de penetración de vehículo puro respecto al electrificado, alcanzar los 3,3 puntos de recarga por cada 1.000 personas en edad de conducir y uno de recarga rápida o superrápida por cada 1. Por la tanto, Noruega y Países Bajos los habrían superado con creces y Alemania podría estar en vías de alcanzarlo este año.

El Barómetro de Anfac también evalúa a las comunidades y ciudades autónomas españolas, cuatro de las cuales están por encima de la media nacional en este apartado del indicador global de movilidad eléctrica: Madrid (28,4), Baleares (25,1) -la de mayor crecimiento trimestral-, Cataluña (22,4) y Asturias (21). Al final de la lista se sitúan Galicia (15), Andalucía (13,2), Extremadura (12,7) y las ciudades autónomas Ceuta y Melilla (7,9).

“Sorpasso” italiano

Durante el primer trimestre, España ha descendido una posición en el ranking europeo en lo referente a la penetración del vehículo electrificado. Obtiene una valoración de 34 puntos sobre 100, con un crecimiento de 2,4 puntos. Y eso que las ventas de los vehículos electrificados triplicaron el dato de 2019, previo a la pandemia. El ascenso está muy lejos de la media, en donde el indicador creció 9,3 puntos. Esto nos sitúa solo por delante de Hungría y República Checa, porque Italia nos ha adelantado.

Hay dos razones para explicar el ‘sorpasso’. La primera, que en el último trimestre de 2020 la penetración del vehículo electrificado creció en 9,2 puntos (en cualquier caso la mitad de lo que avanzó la media europea) pero era un dato en cierto modo equívoco debido a las ingentes automatriculaciones de las marcas en esa última parte del año para evitar multas con la nueva normativa de emisiones que se venía encima el 1 de enero.

Plan de ayudas

La segunda es de mayor peso. En Italia, como en otros países, el plan de ayudas a la compra de vehículo electrificado ya estaba en marcha, mientras que en España el Plan Moves arrancó el 13 de abril, por lo que su incidencia habrá de plasmarse en el informe del segundo y sucesivos trimestres.

En cualquier caso, a 31 de marzo, Italia puntuó trimestralmente más del doble (5,9 puntos) que España, donde la implantación de la movilidad eléctrica se quedó en 34 puntos por los 37,4 de Italia y los 73,7 de la media de la Unión Europea. Solo Hungría (32,5) y República Checa (22) tienen peor coeficiente que España en penetración de vehículo eléctrico.

La mayoría de las comunidades autónomas españolas han mejorado el porcentaje de sus coches electrificados en relación al anterior trimestre. La caída de otras tecnologías como el diésel, la gasolina o el gas se equilibra ligeramente con este aumento de movilidad eléctrica, aunque estamos hablando de volúmenes muy bajos todavía.

Madrid lidera el ranking español con un crecimiento de 4,8 puntos hasta alcanzar los 50,5 sobre 100. Como en la lista de la evolución global, en este apartado de penetración de la electromovilidad, Baleares, Cataluña y Asturias superan la media del conjunto de España.

Infraestructura escasa e ineficiente de la movilidad eléctrica

En nuestro país, un alto porcentaje creciente (73%, según una encuesta de Oliver Wyman) de ciudadanos -potenciales compradores españoles de turismos o todoterrenos- anhelaría comprarse un vehículo eléctrico puro, pero la infraestructura les echa para atrás y sólo un 10% parece dispuesto a hacerlo en breve. No existe mayor pavor al montarse en un coche solo a pilas que imaginarse la interrupción del viaje en un páramo desolado sin un enchufe que llevarse a la boca de recarga.

El Barómetro de Anfac plasma la penuria de la infraestructura eléctrica pública en las carreteras españolas. Ni siquiera utilizando los datos del último trimestre de 2020 en Europa.

Si al terminar el año pasado la media europea evaluada en infraestructuras era de 153 puntos sobre 100, España, la terminar el primer trimestre de 2021 con un crecimiento de 2,2 puntos, se queda en 7,8 puntos. Cuartos por la cola. Con los datos reales del periodo enero-marzo en Europa no hay duda que la distancia entre las infraestructuras de España y la media europea se habrán ampliado críticamente. Y que el cuarto puesto por la cola podría ser el tercero por la ascensión probable de Italia.

Los puntos de recarga han aumentado un 34% durante el trimestre analizado en España. Pero los 11.517 existentes no son de gran empleabilidad, porque el 83% de los nuevos postes de recarga son lentos, de 22 kW o menos, y sólo 60 de estos puntos interurbanos superan los 250 kW.

Por tanto, a la dificultad de hallarlos se suma un tiempo de recarga (seis horas o más) difícilmente asumible en condiciones normales. Así, el coche eléctrico o electrificado no puede ser más que una segunda opción para uso casi exclusivo en ciudad.

Fuente: FERNANDO LLAMAS / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2021/05/18/60a0d62efdddff29b08b4642.html,



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