La creación de comunidades científicas con participación ciudadana de vigilancia marítima colectiva es uno de los modelos a seguir para la salvaguarda de las principales amenazas que acechan a nuestros mares y océanos.

La sobreexplotación de los recursos pesqueros, minerales y energéticos, la contaminación, el cambio climático y la introducción de especies exóticas están alterando la biodiversidad de los ecosistemas marinos.

No resulta arbitrario que la palabra del año para Fundéu en 2018 haya sido microplástico, uno de los males que más afectan a nuestras aguas que, de no ponerle freno, podrá suponer que para 2050 haya más plásticos que peces, según el informe del World Economic Forum de junio de 2018.

Sin embargo, detectar todos los problemas que afectan a nuestras aguas no siempre es fácil y por eso la colaboración ciudadana resulta de gran ayuda para las comunidades científicas.

Con este objetivo nació en 2012 Observadores del Mar, una plataforma web coordinada por el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (ICM) y perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que recopila e intercambia observaciones de ciudadanos anónimos para hacerlos llegar a un equipo de expertos encargado de analizarlas.

Ciencia ciudadana

Gracias a este modelo de ciencia ciudadana se han podido establecer puentes con la comunidad científica y desarrollar sinergias para el cuidado de un bien común: nuestros mares y océanos.

“Antes de su creación, empezamos con alguna prueba piloto desde el CSIC para dar respuesta a la gente que mandaba, vía email o por teléfono, información e imágenes de fenómenos como el avistamiento de especies raras, proliferación de medusas o residuos marinos”, señala María Vicioso Casañal, coordinadora técnica de Comunicación y Divulgación del ICM y de la plataforma Observadores del Mar.

Desde entonces, Observadores del Mar ha tejido una red de más de 2.000 voluntarios que han aportado más de 10.000 observaciones y continúan recopilando información en diferentes puntos de la geografía costera española, especialmente en el Mediterráneo.

Una comunidad centinela

Para la portavoz del ICM “es obvio que estamos en un proceso de cambios y los ecosistemas marinos sufren muchos impactos. Por eso es importante el papel que realiza Observadores del Mar, ya que permite conocerlos a tiempo para poder investigarlos y gestionarlos”.

La plataforma web de ciencia ciudadana se basa así en tres pilares fundamentales: generar nueva información, concienciar a la ciudadanía de los problemas medioambientales del ecosistema marino y fomentar el diálogo entre la sociedad y la comunidad científica.

Colaborar con ella es muy sencillo, pues basta con darse de alta con un correo electrónico y enviar los datos o fotos observados por cualquier usuario que, como advierte María, “no tiene por qué ser experto”. Posteriormente, los especialistas son los encargados de validarlos, comentarlos y compartirlos en la web.

No obstante, “en Observadores del Mar participan sobre todo personas vinculadas al mar, desde pescadores, buceadores, estudiantes, aulas del mar, gente que hace esnórquel o pasea por la playa”, indica María. Incluso, desde 2016 existe una categoría especial que se denomina Observatorio Centinela, que abarca todo el territorio español y cuenta con una red de observadores formada por centros de buceo, asociaciones, clubes de amigos, oenegés o entidades que desarrollan sus actividades acuáticas durante todo el año.

“Son nuestra red de ojos en la costa, de modo que pueden reportar y hacer un seguimiento más activo de los fenómenos marítimos”, señala Vicioso.

Retos científicos

En poco más de un lustro, esta iniciativa ciudadana ha puesto en marcha numerosos proyectos con retos científicos diferentes, pero en torno a cinco ámbitos principales: cambio climático, especies invasoras, contaminación, biodiversidad y dinámica (variación de la distribución de especies comunes, cambios de comportamiento, períodos de reproducción, etc.).

En la actualidad cuentan con 15 proyectos en activo, más uno cerrado, y “en cada uno de ellos hay implicados más de 70 científicos de diversos centros y universidades, a nivel nacional e internacional, con notable presencia en el Mediterráneo”, indica la coordinadora.

Ahora que el proyecto ha crecido y gracias “al apoyo y financiación del CSIC, también estamos renovando la plataforma web para este 2019, con el fin de hacerla más atractiva e intuitiva para el usuario”, indica la coordinadora.

Proyectos vivos

Observadores del Mar demuestra que la implicación ciudadana funciona y, de hecho, ha sido determinante para abrir líneas de investigación y colaboración, sobre todo en aquellos puntos geográficos donde los equipos científicos no pueden tener presencia permanente, y mantener proyectos de urgencia, como es el caso del proyecto Plástico Cero.

Esta iniciativa, dirigida por Luis Francisco Ruiz Orejón, ambientólogo y oceanógrafo del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB), está abierta a la participación de escuelas con el fin de sensibilizar a los jóvenes sobre el problema global de la presencia de basura en los océanos, donde se calcula que más del 60% de los residuos que se acumulan en las costas del planeta son plásticos.

De ahí la importancia de concienciar a las generaciones más jóvenes y enseñarles protocolos científicos en la recogida y análisis de muestras.

En otros casos la colaboración de la ciudadanía ha sido clave en la salvación de especies, como es el caso del proyecto Nacras (Pinna nobilis), ya que fueron los observadores los que dieron la voz de alarma sobre el descenso de población de esta especie endémica del Mediterráneo debido a un patógeno.

“Gracias al avistamiento de este fenómeno, el proyecto Nacras ha permitido una movilización masiva de la comunidad científica para salvar la especie y ahora mismo se encuentra en fase de seguimiento y estudio para recuperarla”, señala María.

En esa misma línea, la comunidad científica de la plataforma está atenta al fenómeno de los llamados desiertos submarinos, que está causando el blanqueamiento de rocas por la desaparición de algas, un hecho que “está afectando a aquellas especies endémicas que se refugiaban en estos bosques submarinos”, indica la portavoz.

Mares y océanos

Los cambios en nuestros mares y océanos son inevitables, y en muchos casos acelerados, por eso el papel que desempeñan plataformas como Observadores del Mar resulta crucial. Para la coordinadora técnica del ICM, “uno de sus valores radica en que el conocimiento llega a más gente y cuanta mayor sea la sensibilización acerca de nuestros ecosistemas marinos, mayor será la proactividad. Es más, la forma de crear y movilizar una comunidad atenta y comprometida con el mar puede funcionar en otras regiones”, asegura.

Al fin y al cabo, Observadores del Mar es un centinela que se mantiene con miles de ojos abiertos a la caza de cualquier fenómeno, aunque eso no exima a las instituciones y gobiernos de seguir manteniendo la inversión en investigación. La vida del mar, y la nuestra, depende de cómo la observemos.

Fuente: Ana Caballero / Planeta Inteligente – EL MUNDO,

Artículo de referencia: http://www.planetainteligente.elmundo.es/recursos-hidricos/vigilancia-maritima-colectiva,



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