El verano de 2009, la fortaleza de los incendios ha sido “especialmente virulenta”, recuerda Cabezos. Los datos oficiales arrojan las cifras de la destrucción devorada por las llamas, en su gran mayoría provocadas por la acción humana. Hasta el 20 de septiembre, y según fuentes del Gobierno, habían ardido un total de 105.293 hectáreas: más del doble de la superficie quemada en todo 2008. De ellas, unas 30.000 lo hicieron durante las dos últimas semanas de julio.

Si el mayor número de víctimas mortales por los incendios forestales sigue concentrado en los profesionales de la extinción, la población de la zona no queda fuera del daño humano de las llamas. De las 14 personas que han perdido este año su vida pasto de las llamas en España, nueve eran profesionales de la extinción mientras que otras cinco víctimas eran ajenas al operativo.

Las afecciones para la población tampoco son despreciables: antes de agosto cerca de 14.000 personas en distintas poblaciones habían tenido que ser desalojadas, huyendo del fuego cercano a sus viviendas.

El país que más hectáreas destruye

”Un año más España tiene el dudoso honor de liderar el ranking de países de la UE donde más incendios se producen y donde más superficie forestal es pasto de las llamas”, apunta Cabezos. El secretario de Medio Ambiente de CC OO advierte, además, de la escasa capacidad de los retenes. “Las situaciones límite vividas este verano ponen de manifiesto que los efectivos que luchan contra el fuego son insuficientes”, señala Cabezos.

La escasez de operativos ha llevado a que la mayor parte de los Grandes Incendios Forestales, máxima categoría de los incendios, hayan terminado de apagarse prácticamente solos. Sin que los medios hayan sido suficientes para acabar con el fuego. “Apenas un 16% de los montes españoles tiene planes de gestión”, lo que para Cabezos evidencia que queda mucho por hacer en materia de puesta en valor de nuestros montes y terrenos forestales, que conduzcan al sector forestal  a ser un sector estratégico dentro del nuevo concepto de Economía Sostenible. “

Resulta paradójico que España, de cara al compromiso post-Kyoto, defienda postulados alineados con la compensación de emisiones mediante la función de sumideros de carbono de nuestros bosques, cuando éstos se pierden un verano tras otro”, concluye Cabezos.



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