Las nevadas de estos días anuncian una magnífica temporada para esquiar en las estaciones del Pirineo, lo que sin ninguna duda es una gran noticia para las comarcas de alta montaña que acogen este tipo de instalaciones.

En un contexto de abandono rural cada vez más acelerado, no hay que olvidar la importante contribución que tiene el deporte de la nieve para la dinamización de la economía de montaña y la fijación de población joven en el territorio: el mayor reto al que nos enfrentamos.

Pero también es cierto que las grandes estaciones de esquí han convertido buena parte de nuestras cumbres, algunas de ellas en el entorno de espacios naturales protegidos, en un chirriante entramado de cablestorres de acero bloques de hormigón que las hace incompatibles con el concepto de desarrollo sostenible.

Aunque muchas de ellas estén haciendo encomiables esfuerzos para reducir su afectación al entorno, lo cierto es que, más allá del propio impacto de las instalaciones, las caravanas de coches por las sinuosas carreteras de montaña hasta llegar al aparcamiento, la congestión en los accesos a las pistas, el amontonamiento en las colas de los arrastres, el ruido de las máquinas y la constante emisión de gases contaminantes reproducen las características del ambiente urbano en un ecosistema extraordinariamente frágil.

Por eso, aunque insistamos una y otra vez en que las estaciones de esquí son una innegable opción de desarrollo económico para las comarcas de montaña, es necesario apelar a la responsabilidad de los usuarios para mitigar el impacto ambiental derivado de su actividad.

Prevención

Un ejemplo es el reguero de latas, bolsas, botellines, cajetillas de tabaco y demás envases y envoltorios que se observan bajo la línea de los telesillas.

Ese comportamiento irresponsable de algunos esquiadores en un lugar de tan difícil acceso para los equipos de limpieza genera un grave problema de contaminación ambiental que solo se puede evitar desde la prevención.

Uno de los compromisos que debemos mantener cuando estamos allí arriba es el de la reducción y recogida de los residuos que generamos durante la jornada: tanto en las instalaciones de acceso como una vez en las pistas.

Y la solución no puede ser más sencilla: se trata de hacer uso de los contenedores de recogida selectiva que hay en todas las estaciones de esquí y seguir reciclando también en la nieve.

Cada año aparecen animales estrangulados por anillas de plástico o asfixiados con bolsas y madrigueras o escondites de animales que quedan taponados por la basura que arrojan los esquiadores y provocan la muerte por asfixia de los animales que estaban hibernando a su interior.

Por último un breve apunte respecto a la tendencia de algunos a practicar el esquí fuera pista. Y es que además de constituir una práctica temeraria, puede provocar deslizamientos de placas y aludes y supone una agresión ambiental directa para un ecosistema, el de la alta montaña, que insisto: es mucho más frágil de lo que parece.

Fuente: José Luis Gallego / LA VANGUARDIA,

Artículo de referencia: https://www.lavanguardia.com/natural/ecogallego/20190130/4686101559/consejos-practicos-para-esquiar-respetando-el-medio-ambiente.html,



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