La fotógrafa Jenny Evans ha recorrido durante meses la inmensidad agrícola del sureste australiano, allá donde confluyen los ríos Murray y Darling, para dar fe de la catástrofe ambiental que se cierne sobre el futuro del país.

La extrema sequía que azota Australia como consecuencia del cambio climático se confunde ahí con las negligentes políticas del Gobierno, que han ahogado el caudal de los ríos provocando un desequilibrio entre las algas y la fauna que ya cuestiona la salubridad del agua hasta ahora potable.

Jenny Evans tomó fotos del desastre para la agencia Getty que llegaron a la prensa internacional, pero también recoge su trabajo en su cuenta de Instagram, donde relata las historias de familias de granjeros luchando por la supervivencia de su ganado, los lechos secos del río, y la tristeza de las comunidades aborígenes como los Barkjandi, que relacionan la muerte del río con el crecimiento de la delincuencia y la depresión entre su gente, muy arraigada al sentido espiritual del agua que cruza sus tierras.

Las Antípodas dan pistas, desde la distancia, de la dureza extrema de los efectos del cambio climático y ahora los australianos tienen una oportunidad única de votar en sus elecciones por unas propuestas políticas que sean sensibles a sus preocupaciones.

El medio ambiente, sumado a la inquietud por los precios de la vivienda, son los ejes de su campaña, donde todo ciudadano está obligado a votar por ley este 18 de mayo en las elecciones federales.

Ciudades

Las competencias de la política municipal son más limitadas que las de un Gobierno, pero desde las ciudades hay un amplio margen de intervención. Todo lo que no se desgranó en las elecciones que ganó Pedro Sánchez tiene ahora un espacio inmejorable para ser contrastado y discutido, y Ada Colau, en Barcelona, es la candidata que desde el día uno está lanzando más proyectos en este sentido.

La pacificación de las calles, con su propuesta de reducir la velocidad de los vehículos y con ella, la emisión de gases contaminantes, se suma a su apuesta por ampliar las zonas verdes de la ciudad en las principales arterias de circulación, lo que busca frenar nuevamente el daño ambiental que causa el tráfico rodado.

Entre sus últimas propuestas, la idea de volver la mirada de Barcelona al río Besòs, que está en franca recuperación, enlaza la visión puramente ecológica con el plan de fortalecimiento del área metropolitana. Y las 50 hectáreas más de zona verde que prometió ayer, son todo un desafío.

Defensa ambiental

Los programas de los otros candidatos también recogen la música de la defensa ambiental: Manuel Valls apuesta por fomentar la construcción ecoeficiente y lo que llama un modelo de «emergencia urbana para la contaminación» apuntalado con la plantación de 10.000 árboles de hoja caduca en ocho años e implantar el Observatorio Internacional contra el cambio climático, ahí es nada, aunque sus propuestas ecológicas rehúyen las sanciones y medidas como la de un posible peaje para el acceso a la ciudad.

Jaume Collboni no se ha quedado atrás y también quiere convertir Barcelona en la capital de la lucha contra el cambio climático, Elsa Artadiapoyaba ayer mismo el manifiesto por la nueva gobernanza de la transición energética y desde ERC se sopesa revisar el pavimento y pensar en más espacios verdes para combatir el efecto de las islas de calor y lluvias en los barrios.

El futuro se juega en las ciudades, y Barcelona no puede permitirse aplazar más las decisiones en esta materia. Las campañas electorales están para exponer propuestas, pero el gobierno municipal que resulte del 26-M tiene la inaplazable obligación de ponerse a trabajar en ellas.

Fuente: CAROL ÁLVAREZ / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/cataluna/2019/05/13/5cd86e18fc6c832a5b8b45ed.html,



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