A partir de aquí, los expertos señalan las medidas óptimas que se deben tomar para la recuperación de las zonas afectadas por incendios forestales, así como recomendaciones a tener en cuenta para que un incendio controlado natural no llegue a convertirse en una gran catástrofe.
 
Uno de los índices más importantes a tener en cuenta es la hidrofobicidad o repelencia del agua por el suelo. Es una propiedad natural de los suelos que se ve multiplicada por el efecto del fuego.
 
“Tras conocer bien la gravedad del incendio se tomarán las medidas necesarias, que en ocasiones no requieren de una gran reforestación ni de un elevadísimo coste económico”, afirma el responsable de este Grupo de Investigación, Antonio Jordán López, quien añade que el sistema de vegetación mediterráneo (en relación a los últimos incendios forestales en la comunidad valenciana) tiene la capacidad de regenerarse de manera natural y autónoma.
 
Cuando tras un incendio se introduce maquinaria pesada para retirar la materia calcinada, según los expertos, “se daña aún más el suelo que en ese momento está aún muy sensible, ya que es el momento en que muchas especies adaptadas al fuego están germinando o rebrotando, y además se elimina la posibilidad de que sea el propio ecosistema el que se regenere porque se suelen introducir especies que no son autóctonas del lugar”.
 
Incendio Valencia

El fuego es un fenómeno propio de las zonas mediterráneas y es un agente que ha contribuido a modelar la vegetación y el paisaje que conocemos. Sin embargo, la gestión de las zonas forestales en las últimas décadas ha olvidado este papel. Los expertos aseguran que los pequeños incendios son necesarios y beneficiosos para el ecosistema y por ello señalan varias medidas a desarrollar. En primer lugar realizar pequeños incendios controlados en invierno, cuando el riesgo de incendio es menor y con ello disminuir la cantidad de combustible acumulado en los bosques sin que se expanda el fuego y consiguiendo, a su vez, que las probabilidades de que se produzca un incendio en verano sean menores. Al ser quemadas pequeñas áreas de matorral y árboles, la vegetación se recupera de forma rápida y natural. De este modo, además, se crean discontinuidades espaciales en la distribución de la biomasa que dificultan la expansión del fuego y se disminuye sensiblemente el riesgo de erosión del suelo.
 
En segundo lugar, es necesario poner en marcha medidas de control y limitación en los asentamientos de zonas forestales. “Hoy en día hay urbanizaciones que se localizan dentro de los pinares, entre los propios árboles”, denuncia Antonio Jordán. Y por último, es importante establecer zonas de transición entre las áreas pobladas y la masa forestal que actúen de barrera de contención en caso de incendio.
 
En el caso del gran incendio de Valencia, independientemente de que haya sido provocado o no, opina este experto “la administración no ha hecho una buena gestión de los suelos y esto ha desembocado en un tragedia”. Bajo condiciones de sequía, altas temperaturas y viento, “los incendios de estas magnitudes son imposibles de apagar porque sus llamas alcanzan los 20 metros de alto, se extienden rápidamente y el fuego sólo se frena si encuentra una discontinuidad como una carretera, un río, si llega a la costa o cuando ya ha arrasado con todo”.
 
FUEGORED 

La Red Temática Nacional “Efectos de los Incendios Forestales sobre los Suelos” (FUEGORED) nació en 2007 fruto del interés de los investigadores españoles en mantener una relación más fluida que permita desarrollar una ciencia mejor. Uno de los objetivos de la red es favorecer la divulgación de los resultados de las investigaciones científicas y proporcionar a los técnicos y gestores información que les permita mejorar en la gestión forestal.
 
El grupo investigador, liderado por los especialistas Artemi Cerdà (Universidad de Valencia), Jorge Mataix-Solera (Universidad Miguel Hernández de Alicante) y Antonio Jordán (Universidad de Sevilla), está compuesto por los nombres más relevantes de la ciencia española en el área, así como por jóvenes valores, que en estos momentos desarrollan las líneas de investigación más novedosas, además de algunos de los más prestigiosos investigadores internacionales.
 
En 2012, la red está compuesta ya por un total de 222 miembros, investigadores de más de 30 universidades y centros de investigación toda España que aportan la experiencia de décadas de trabajo científico y técnico en zonas afectadas por incendios forestales, así como destacados investigadores extranjeros procedentes de países como Australia, Estados Unidos, Portugal, Australia, Lituania o Reino Unido, entre otros. Entre sus miembros, también son visibles los gestores y técnicos de diversas instituciones.



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