En Europa, un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) analiza por primera vez las consecuencias del cambio climático sobre las relaciones evolutivas de plantas, aves y mamíferos (el árbol de la vida). Según las previsiones de los científicos, reflejadas en el próximo número de la revista Nature, el sur del continente, la región actualmente más amenazada por el cambio climático, podría registrar una “pérdida generalizada” de diversidad biológica.

El investigador del CSIC Miguel Araújo, uno de los autores del trabajo, explica que la biodiversidad de las regiones mediterráneas es más vulnerable por estar expuesta a cambios climáticos más marcados y por poseer más cantidad de información evolutiva independiente en un conjunto de organismos.

“En algunos casos, el cambio climático podría llegar a provocar la extinción de algunas especies”, destaca Araújo, científico del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

El trabajo apunta a que las alteraciones climáticas impactarán en todas las ramas de la historia evolutiva de estas especies. Estos impactos se sumarán a otros de origen humano como la destrucción y la fragmentación de hábitats, la extracción excesiva de recursos biológicos o la introducción de especies invasoras, acciones que afectarán más a unas ramas del árbol de la vida que a otras.

Riesgo de extinción en Europa

El estudio revela que el cambio climático no implicará pérdidas de diversidad diferentes a lo que se esperaría de extinciones aleatorias. “El cambio climático reduce la diversidad filogenética, pero lo hace de forma que no se distingue de lo que se podría esperar del azar. Además, tiene el potencial de afectar a especies en todas las ramas”, subraya Araújo.

En la actualidad, el riesgo de extinción se encuentra distribuido de forma desigual entre los grupos biológicos. Los vertebrados de grandes dimensiones, las especies endémicas de las islas, las montañas y algunas regiones tropicales, así como los anfibios, se encuentran más amenazados que otros grupos. “Si las futuras extinciones afectasen a muchas especies en sólo algunas ramas del árbol de la vida, entonces estaríamos ante una extinción dramática, donde el impacto sobre el funcionamiento de los ecosistemas sería muy elevado”, señala Araújo.

Aunque la situación fuese así, no estaríamos ante la sexta extinción en masa, un concepto asociado a las cinco grandes extinciones que se han producido en la historia de la Tierra y que llevaron a la desaparición de más del 70% de las especies en un corto periodo de tiempo.

El papel de América Latina

Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, impartió el 15 de febrero en una conferencia sobre la implementación de los acuerdos de Cancún y el papel de América Latina para combatir el cambio climático.

Figueres señaló que la vulnerabilidad en Latinoamérica es alta y con seguridad crecerá a la categoría de grave o intensa en los años 20-30, pero también se abren oportunidades a la región para mitigar la situación y tomar iniciativas que permitan un desarrollo sostenible. Destacó que, aunque escasos, hay algunos ejemplos exitosos que se pueden citar, como la repoblación forestal con árboles frutales en El Salvador, la regeneración de manglares en las líneas costares de México o la construcción de casas de bambú sobreelevadas en Ecuador.

Hay una necesidad urgente de que los países en América Latina encuentren las medidas adecuadas para mitigar las emisiones, revirtiendo la tendencia actual de fosilizar las materias energéticas, cuando los recursos hidráulicos podrían representar un porcentaje mucho mayor que el actual, que es solo del 25% del total (cuando la región dispone del 35% del agua dulce de todo el planeta). Figueres recordó también el gran potencial eólico, solar y geotérmico aún por aprovechar, y la necesidad urgente de reducir la deforestación y orientarse a la explotación sostenible de los bosques.



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