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Frenar y revertir el calentamiento global, producido por las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, es una prioridad urgente. El dióxido de carbono (CO2) es el gas de efecto invernadero más importante, y el que se utiliza como referencia.

En la Conferencia del Clima de París (COP21) de 2015, la comunidad científica recomendó reducir las emisiones a valores comparables a los de 1990. La COP26, celebrada en Glasgow en 2021, culminó con un Pacto Climático firmado por 197 países, donde se menciona la necesidad de fijar objetivos de reducción de emisiones ambiciosos que permitan evitar un aumento de la temperatura superior a 1,5 ℃ para 2030.Para alcanzar estos objetivos, tanto las empresas como las naciones deben implementar diferentes tecnologías de captura, almacenamiento y utilización de CO2.

Capturar para reducir las emisiones

El sector de la producción energética (electricidad y calor) es responsable de, aproximadamente, el 40% de las emisiones totales de CO2. El sector industrial, por su parte, es responsable de alrededor del 21%. Por lo tanto, industria y energía agrupan aproximadamente dos tercios de las emisiones.

La primera idea que se viene a la cabeza para reducir las emisiones es la captura “poscombustión” efectuada en las chimeneas de las centrales eléctricas y de los procesos industriales basados en la quema de combustibles fósiles.

En la mayoría de los procesos convencionales de combustión, los gases emitidos consisten fundamentalmente en una mezcla de nitrógeno, vapor de agua, dióxido de carbono y algo de oxígeno. Estos gases, una vez enfriados durante las etapas de generación de electricidad, se pueden someter a diferentes procesos fisicoquímicos orientados a separar y capturar el CO2. Esta técnica tiene la ventaja de que apenas requiere modificación de las infraestructuras de combustión actuales.

Estrategias que permiten una mayor eficiencia en la captura

  • La oxicombustión: Estos procesos consisten en realizar la combustión utilizando oxígeno puro en lugar de aire atmosférico. Es decir, estableciendo una etapa previa de separación de oxígeno y nitrógeno del aire. En este caso, la corriente de gases de salida sería mayoritariamente vapor de agua y dióxido de carbono, que son relativamente fáciles de separar.
  • La combustión en bucle químico: Esta alternativa se basa también en el mismo principio de “quemar sin nitrógeno”. En este tipo de procesos, se utilizan óxidos metálicos para introducir óxigeno. El óxido metálico se reduce a la vez que el combustible se oxida formando CO2 y agua.
  • Los procesos de captura precombustión: Esta estrategia permite reducir las emisiones de CO₂ reduciendo el contenido de carbono de los combustibles antes de introducirlos en las cámaras de combustión. Algunos ejemplos de este tipo de procesos son la separación de CO2 del biogás para producir biometano y la gasificación de la biomasa vegetal para producir gas de síntesis, dejando parte del carbono en forma de carbón vegetal.

Eliminar el CO2 ya emitido

En el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC2021) se confirmó que, para evitar una subida de temperaturas superior a 1,5 ℃ antes de 2030, no será suficiente con la reducción de las emisiones. Para conseguir ese objetivo, es además necesario capturar el CO2 históricamente emitido a la atmósfera.

Por supuesto, la manera más lógica de absorber CO2 es mediante el fomento de todos los posibles procesos de fijación en forma de biomasa vegetal. Es decir, promoviendo el desarrollo de los sumideros naturales de carbono, tales como los bosques y océanos.

También se puede fomentar la producción de madera como material de construcción o para otros usos que permitan la captura de CO2 a largo plazo. En este contexto, el bambú ha demostrado ser el árbol con la mayor capacidad de fijar rápida y eficientemente carbono de forma sostenible.

Con respecto a los procesos ingenieriles, la captura directa del aire (DAC, por sus siglas en inglés) consiste en filtrar el aire de la atmósfera para separar y capturar el CO2 que contiene. A día de hoy, varias empresas internacionales están aumentando su capacidad de captura directa de CO2, entre las que destacan: Climeworks, Carbon Engineering y Global Thermostat.

El lado oscuro de la captura de CO2

Desgraciadamente, uno de los usos principales que se le está dando al CO2 capturado es para mejorar la extracción de petróleo, lo que se conoce como recuperación terciaria o enhanced oil recovery (EOR). Este proceso consiste en extraer petróleo mediante la inyección de CO2 en depósitos profundos. A pesar de ser una técnica rentable y que permite la acumulación a largo plazo del CO2 capturado, no favorece el abandono de los combustibles fósiles y, por lo tanto, no va en la dirección de luchar urgentemente contra el cambio climático.

Afortunadamente, hay alternativas. Por ejemplo, el CO2 capturado puede usarse como materia prima en algunas industrias alimentarias o farmacéuticas. También se puede utilizar para producir diferentes compuestos químicos tales como gas de síntesis, metano, metanol o dimetil-éter, que a su vez pueden ser empleados en la industria o como combustibles. Esta conversión se consigue mediante la reacción entre el CO2 con hidrógeno verde, producido por electrólisis de agua alimentada por energía de fuentes renovables.

En resumen, para conseguir una reducción neta de la concentración de CO2 atmosférico, este gas debe ser almacenado y utilizado de forma sostenible. Es decir, se debería priorizar el secuestro en forma de biomasa o la utilización mediante conversión con hidrógeno verde frente a su uso para extraer petróleo.

Fuente: Juan Manuel Paz García / José Antonio García / María Villén Guzmán / THE CONVERSATION

Artículo de referencia: https://theconversation.com/captura-y-utilizacion-de-co-que-hacer-para-no-caer-en-el-lado-oscuro-170892,



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