Se trata de rutas que discurren por caminos que preferentemente tienen un ancho de al menos tres metros, de forma que hagan compatible la altísima demanda de esta práctica deportiva con la máxima conservación del medio natural.

El consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, Borja Sarasola, ha dado la salida de la I Marcha de Bicicleta de Montaña por la Zona Periférica de Protección del Parque Nacional, una ruta de 30 kilómetros organizada por la empresa Last Lap que ha discurrido entre Soto del Real y la Hoya de San Blas. “Esta cita nace como un foro a partir del cual hacer un llamamiento a un uso sostenible de la bici en la Sierra de Guadarrama, que dada su cercanía a la capital y sus fáciles accesos soporta una presión de uso público muy alta que es necesario ordenar. Nuestra labor como gestores pasa por poner los medios que hagan posible la ordenación sostenible de este uso”, ha manifestado Sarasola.

Para potenciar este objetivo, la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad ha editado un Decálogo del Buen Uso de la Bici en el que se recogen aquellas cuestiones que favorecen una práctica respetuosa y que ha sido incluido entre los materiales que la organización ha facilitado a todos los participantes. Este Decálogo estará también disponible en todos los centros de atención a visitantes del Parque y se distribuirá por las principales tiendas de bicicletas de la región o empresas vinculadas al ciclismo.

Conciliación de usos: senderistas, caballistas y ciclistas

La prueba celebrada la pasada semana atravesó en su práctica totalidad caminos de más de tres metros de ancho. La Hoya de San Blas está ubicada en Zona Periférica de Protección y constituye uno de los espacios de la Sierra de Guadarrama más frecuentados por los aficionados a la bicicleta de montaña. Junto a la marcha de 30 kilómetros se ha desarrollado otra pensada para las familias, con un recorrido de ocho kilómetros en el que han podido participar padres e hijos. La Comunidad ha autorizado este evento al considerar que sus características cumplen con los estándares de conservación del espacio al no suponer impactos negativos sobre los recursos naturales.

Estas 22 rutas han sido señalizadas mediante el sistema internacional IMBA, sistema asumido en toda Europa para que el ciclista de montaña interprete las señales, las mínimas posibles para no alterar el medio. Esta señalización supone que dicha ruta cumple con unos estándares de calidad, unos requisitos fundamentales de seguridad y unos servicios mínimos vinculados a la ruta (puntos de agua, cartelería explicativa o aparcamiento adecuado en su punto de inicio, entre otros).



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