Los fabricantes estadounidenses de automóviles necesitan obtener créditos públicos por valor de 50.000 millones de dólares (34.000 millones de euros al cambio actual) para poder desarrollar nuevos vehículos con un consumo de combustible más eficiente y unas emisiones más reducidas, informó hoy el vicepresidente de General Motors, Robert Lutz.

Según recoge el diario "New York Times", Lutz explicó que las compañías automovilísticas de Estados Unidos "necesitan dinero" para adaptar sus plantas a la producción de automóviles más eficientes, ya que tienen numerosos problemas para acceder a la financiación por la debilidad del mercado crediticio.

El vicepresidente del mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos apuntó que las compañías del sector han registrado un "progreso considerable" en su transformación interna, ante lo que destacó que el Gobierno estadounidense "debería ayudarles" para acelerar su evolución.

"La industria americana de automoción se merece garantías crediticias por parte del Gobierno", añadió. En la actualidad, los fabricantes de automóviles y el sindicato United Automobile Workers están solicitando al Gobierno que destine 3.750 millones de dólares (2.551 millones de euros) para el pago de las cuotas de los préstamos por más de 25.000 millones de dólares (17.006 millones de euros) solicitados por las marcas el año pasado.

Sin embargo, Lutz señaló que este dinero no es suficiente, por lo que afirmó que están pidiendo al Congreso que ponga en marcha una iniciativa a finales del próximo mes de septiembre para que el capital estuviera disponible en 2009.

Estas declaraciones se producen después de que diferentes fabricantes iniciaran planes de transformación de sus plantas de producción de todoterrenos en Estados Unidos para amoldarlas a la fabricación de coches más pequeños y eficientes. El coste de estas acciones podría ascender hasta 75.000 millones de dólares (51.020 millones de euros).

Estas medidas se orientan a aumentar la oferta de vehículos compactos en el mercado estadounidense, principalmente por la reducción de las entregas de los vehículos con mayores consumos, como todoterrenos y pick-ups, en Estados Unidos.



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