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Una apuesta por combustibles limpios, electricidad procedente de fuentes renovables y, en definitiva, una movilidad sostenible, innovadora e inteligente.

Ni naves voladoras ni teletransporte. El futuro de la movilidad dista mucho de lo que se presenta en las películas. Sin embargo, la realidad puede superar a la ficción en cuanto a sostenibilidad. El cambio de modelo del transporte apuesta por combustibles limpios, electricidad procedente de fuentes renovables y, en definitiva, una movilidad sostenible, innovadora e inteligente.

¿Por qué necesitamos una movilidad sostenible?

Uno de los mayores retos medioambientales a los que nos enfrentamos hoy es la movilidad. El transporte sigue siendo responsable del 24% de las emisiones directas de CO2 de la quema de combustibles, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). Los vehículos de carretera representan casi las tres cuartas partes de las emisiones de CO2 del transporte, y las emisiones de la aviación y el transporte marítimo continúan aumentando.

La manera en la que nos desplazamos tiene un impacto en la sostenibilidad económica, en la cohesión social de las ciudades y, por supuesto, en la calidad del aire. La movilidad sostenible propone una forma de desplazarnos que no perjudique al medio ambiente por las emisiones contaminantes y que atienda las necesidades de la ciudadanía al mismo tiempo que cuida de los espacios de la ciudad.

El futuro de la movilidad sostenible

Necesitamos un cambio de modelo. Un cambio que tiene que ir más allá de priorizar el transporte público por encima de los automóviles privados. Hablamos de movilidad compartida (como el motosharing), de ceder más espacio a bicicletas y peatones y de transformar las ciudades para que sea conviertan en lugares más accesibles.

Un transporte sin emisiones

Como no podía ser de otra manera, para que el transporte sea sostenible, debe promover los vehículos sin emisiones, ya sean eléctricos de batería o de pila de combustible de hidrógeno verde. Para conseguir esto, serán esenciales planes como el de la Unión Europea, que pretende instalar al menos 1 millón de puntos de recarga para este tipo de vehículos antes de 2030.

Además, será necesario incentivar combustibles sostenibles para el transporte aéreo. Precisamente, la UE ha impulsado el plan Cielo Único Europeo, que contribuirá a reducir hasta el 10 % de las emisiones del transporte aéreo. También para el transporte marítimo. El último ejemplo de esta tendencia es el ferry Zeabuz, un pequeño barco autónomo alimentado con energía eléctrica que se está desarrollando en Noruega.

La innovación como aliada contra los atascos

En un atasco no solo se pierde tiempo, también salud. La de las personas y la del planeta. Por suerte, podemos imaginarnos un futuro donde los embotellamientos sean cada vez menos frecuentes. Y todo gracias, cómo no, a la innovación.

En este sentido, la digitalización tendrá un papel esencial. La movilidad automatizada y los sistemas inteligentes de gestión del tráfico harán que el transporte sea más eficiente y menos contaminante. Por ejemplo, permitirán predecir atascos y gestionar la demanda de los vehículos de movilidad compartida.

Fomentar la movilidad compartida

Ya sea en bicicleta, patinete o en moto. Cada vez son más las ciudades que cuentan con este servicio para sus ciudadanos: vehículos eléctricos compartidos que no emiten ningún tipo de gas contaminante de forma local. Una opción realmente sostenible si la electricidad que mueve su motor procede de energías renovables.

Según una investigación realizada por el MIT sobre los beneficios de la movilidad compartida , este tipo de movilidad también podría reducir las plazas de aparcamiento en las ciudades en un 86%, liberando la vía pública y repensando radicalmente cómo se utiliza el espacio.

Fuente: Sostenibilidad,

Artículo de referencia: https://www.sostenibilidad.com/construccion-y-urbanismo/futuro-movilidad-sostenible/,



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