El experimento se ha realizado en dos fases. Una primera, en la que se faenó con el sistema tradicional de arrastre, con puertas que se deslizan sobre el fondo marino y mantienen abierta la boca de la red, y una segunda, utilizando el nuevo sistema de puertas, para poder comparar los rendimientos pesqueros y el consumo de combustible de la embarcación.

Los científicos han recogido información sobre las capturas, tanto de las especies comerciales como de las descartadas, anotando las especies, el número de individuos y peso, así como sus distribuciones de tallas. También se han recogido datos del consumo de combustible, de la situación de las puertas respecto del fondo y de la geometría o abertura de la red durante las operaciones de pesca. Todo ello gracias a sensores instalados en el motor de la embarcación y en el arte de pesca.

Una vez finalizada la campaña, los datos biológico-pesqueros recogidos y los registrados por los aparatos electrónicos se analizarán en el laboratorio y los resultados se presentarán en un informe final.

Las puertas de este arte de pesca, desarrolladas por la empresa Thyboron Trawldoors, son mucho más ligeras que las utilizadas en el sistema habitual -aproximadamente 370 kilogramos frente a 560- y tienen un diseño aerodinámico que, una vez en el mar, se sitúan a unos 15 metros sobre el fondo marino.

“A menos peso, menos resistencia, y por tanto, menos consumo de combustible”, explica Ignacio Soler, jefe de proyectos de SIMRAD, empresa participante en este proyecto que se dedica al equipamiento de sistemas de pesca profesional e investigación pesquera.

Los primeros resultados no se han hecho esperar. Miguel Moreno, patrón de la embarcación, ha expresado su satisfacción con el nuevo método: “con este nuevo sistema hay un menor consumo de combustible y las capturas son similares a las obtenidas con el sistema tradicional”.

El estudio se enmarca dentro de las actividades previstas en el proyecto Nuevo sistema para la reducción del impacto de la pesca de arrastre de fondo en las costas españolas del Mediterráneo, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino dentro de la convocatoria de ayudas al desarrollo tecnológico pesquero y acuícola para el año 2010.

El proyecto surgió a raíz de una propuesta de la Cofradía de Pescadores de Mahón y en él participan el Instituto Español de Oceanografía, a través del Centro Oceanográfico de Baleares, que ya ha realizado otros proyectos piloto en colaboración con el sector pesquero para la mejora de la selectividad y la eficiencia energética de la pesca de arrastre, el Govern de les Illes Balears, a través de la Dirección General de Pesca, y la empresa SIMRAD.



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