La empresa eléctrica ha declarado en una conferencia de prensa celebrada hoy que planea arrojar 11.500 toneladas de agua residual a partir del martes, como muy pronto. La operación continuará durante varios días.

La compañía ha declarado también que el nivel de yodo 131 en el agua residual es alrededor de 100 veces mayor al límite permitido. Sin embargo, señala que si la gente comiera diariamente pescado y algas marinas capturadas cerca de la central durante un año, su exposición a la radiación sería de 0,6 milisieverts, cuando el nivel permitido para el público general es de 1 milisievert.

El agua residual será arrojada al mar a fin de hacer lugar para el agua altamente contaminada del complejo del reactor número 2.

Situación radiológica

Según la última información recibida desde el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Unión Europea, los datos sobre la situación radiológica en la instalación de la central nuclear Fukushima Daiichi son los siguientes:

  • Situación radiológica en el interior

Las tasas de dosis siendo extremadamente altas. En el acceso principal del emplazamiento las tasas de dosis son 0,086 mSv/h. Las labores de recuperación en la planta siguen siendo complicadas dada la situación radiológica existente.

La existencia de agua muy contaminada en las galerías de las unidades 1, 2 y 3 ha puesto en marcha trabajos para evitar su emisión al mar, en concreto, se ha realizado la transferencia de esa agua a un depósito de almacenamiento. Se ha observado una grieta de unos 20 centímetros en una galería de la unidad 2, por la que sale agua directamente hacia el mar. Se ha intentado sellar esta grieta con resinas especiales y hormigón, pero esta maniobra no ha dado resultado.

TEPCO, ha realizado pruebas de rociado de una zona de unos 500 m2, en una zona próxima a la piscina común de combustible, con una resina especial para comprobar la eficacia de este agente para evitar la dispersión de partículas radiactivas por el viento y la lluvia.

  • Situación radiológica en el exterior

En las poblaciones cercanas a la central (en un radio de unos 40 km) se mantienen los niveles de radiación. El valor máximo medido es de 0,032 mSv/h a una distancia de 30 km y de 0,065 mSv/h a una distancia de 20 kilómetros.

Las autoridades japonesas han confirmado que la zona de evacuación se limita al área comprendida en un radio de 20 kilómetros de la central.

Los niveles de deposición medidos continúan descendiendo en todas las prefecturas y se mantienen por debajo de los límites reglamentarios, excepto en Fukushima. En ésta última, se ha medido la concentración de actividad de Yodo-131 en suelo en diversos puntos, obteniéndose un valor máximo de 62.000 Bq/kg en las últimas medidas.

En cuanto a la situación del mar, según las mediciones realizadas a 30 y a 330 metros de la central, los niveles de radiación se mantienen, con fluctuaciones, muy por encima de los límites establecidos. Los valores de las mediciones realizadas en varios puntos ubicados a 30 kilómetros de la planta se mantienen estables y muestran fluctuaciones dentro de los límites.

Se mantiene el programa de vigilancia radiológica de alimentos procedentes del mar, aunque no se dispone de nuevos datos.

Desmantelamiento de Fukushima

Según analistas japoneses, TEPCO no tendrá ninguna posibilidad de volver a poner en marcha ninguno de los 6 reactores de Fukushima-Daiichi, además, el desmantelamiento llevará más de tres décadas y supondrá un coste de unos 12.000 millones de dólares.

La pesadilla de Fukushima no se acabará con el enfriamiento de los reactores ni el control del escape radiactivo. Cuando esto se produzca, para lo cual aún faltan meses, las autoridades y TEPCO deberán enfrentarse al desmantelamiento de los reactores y a la descontaminación del sitio. Las autoridades todavía no han descartado que la mejor solución sea sellar los reactores con hormigón y convertir así la zona en un cementerio nuclear.

Si no se adopta la solución del sellado, TEPCO deberá extraer el combustible gastado, un par de años después del enfriamiento de los reactores y proceder a la demolición y descontaminación del emplazamiento. Este proceso será muy peligroso, complicado y costoso. Los trabajadores se expondrán a recibir grandes dosis radiactivas y aparecerá de nuevo el riesgo de accidente.

Sea como fuere, los costes de la operación excederán los 12.000 millones de dólares y llevarán más de 30 años, según el Instituto de Economía Energética de Japón. Estas dos cifras suponen un duro golpe para la estabilidad económica de TEPCO y de sus aseguradoras, y es más que probable que sean demasiado optimistas, dada la magnitud de los daños.



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