La ciudadela inca de Machu Picchu es mundialmente conocida. El lugar es visitado por miles de turistas a diario y se ha convertido en un icono de la civilización inca.

Construida por el Inca Pachacutec hacia 1450, la ciudad se extiende a lo largo de numerosas terrazas a más de 2.000 metros de altitud, vigilada por la imponente mole del pico Huayna Picchu y asomada, a través de vertiginosos precipicios, a las vistas del serpenteante río Urubamba.

Terremotos que moldearon Machu Picchu

Pero este impresionante lugar no es producto tan sólo de la pericia de los arquitectos incas. Su forma actual también se debe a, por lo menos, dos potentes seísmos que, tras producirse, marcaron de modo definitivo su construcción. Es lo que se desprende de un reciente estudio, publicado en la revista Journal of Seismology, dirigido por Miguel Ángel Rodríguez-Pascua, del Instituto Geológico y Minero de España.

La investigación sobre el terreno se ha llevado a cabo gracias a un proyecto liderado por el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico de Perú (INGEMMET) en colaboración con el IGME, Instituto de Ciencias de la Tierra de Grenoble (Francia), la Universidad de Jena (Alemania) y la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Según el estudio arqueológico recientemente publicado, entre los años 1438 y 1491, mientras tenían lugar las obras de construcción de la fortaleza, se produjeron en el lugar dos potentes terremotos, que no sólo dañaron muros, sino que al parecer habrían supuesto un cambio radical en las técnicas constructivas utilizadas.

El estudio sobre tres de los templos más importantes de Machu Picchu reveló más de 140 ejemplos de daños estructurales, como el desplazamiento de grandes bloques de piedra o esquinas astilladas.

Muchos de estos daños pudieron ser debidos a la caída de rocas o tierra bajo los templos, pero el movimiento de muchos monolitos dañados y las brechas que se produjeron entre bloques que anteriormente se encontraban entrelazados fueron casi con total seguridad causados por dos seísmos importantes. 

Así, este tipo de daños (conocidos técnicamente como Efectos Arqueológicos de Terremotos, o Earthquake Archaeological Effects, EAEs) que revelan las esquinas de los bloques de piedra sólo se produce cuando se golpean de manera rítmica durante un terremoto.

Construido sobre fallas tectónicas

Los arqueólogos sólo pueden especular sobre cuándo se produjeron estos seísmos ya que no existen registros escritos, pero lo que sí está claro es que la forma de construir cambio radicalmente a partir de entonces. Los arquitectos empezaron a utilizar un sistema más barato y fácil que consistía en apilar bloques de roca sin tallar, más pequeños, sobre los antiguos monolitos, mucho más grandes, tallados y perfectamente pulidos.

Los Andes es un lugar de frecuentes terremotos ya que la cordillera se levanta sobre numerosas fallas tectónicas. Precisamente bajo Machu Picchu transcurren varias fallas. La Universidad Federal de Río Grande del Sur, en Porto Alegre (Brasil), indicó en un estudio realizado en septiembre que los incas erigieron la ciudadela intencionadamente sobre el lugar donde se entrecruzan estas fallas.

Así, los arquitectos habrían aprovechado los numerosos materiales constructivos que procuraba la zona de la falla para levantar los muros. Esta red de fallas habría permitido también canalizar el agua del deshielo y la lluvia y ofrecer un buen sistema de drenaje durante las lluvias torrenciales que afectan al lugar.

Además, su gran altitud lo puso a salvo de avalanchas y deslizamientos de tierras, conservándolo en el excelente estado en que ha llegado hasta nosotros.

Fuente: Carme Mayans / National Geographic,

Artículo de referencia: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/dos-terremotos-sacudieron-machu-picchu-mientras-se-construia_14842,



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