El milenario árbol de Senegal conocido como Baobab se encuentra en peligro

La imagen altiva del baobab se asocia siempre con África, “el árbol de la vida” como se le conoce, es uno de los símbolos más representativos de este continente. Sus portes estilizados que alcanzan los 30 m, y más de 40 m de diámetro en algunos ejemplares, se podría decir que son las columnas que sujetan el cielo de África.

Aunque sus leyendas son realmente interesantes, el baobab es el árbol africano del que se aprovecha todo. La pulpa de sus frutos es seca y blanquecina, y contiene cinco veces más concentración en vitamina C que la naranja, además de ser rica en minerales como el calcio, el magnesio o el hierro. Este fruto exquisito se puede tomar fresco o en la elaboración de productos como mermelada, helados o dulces, entre otros. Sus semillas con un gran contenido en proteínas y grasas se aprovechan para ser consumidas asadas o para el cuscús,, incluso prensadas para producir aceite, incorporándolo a artículos cosméticos.

Las hojas del baobab contienen proteínas, hierro y beta-caroteno, son utilizadas secas para preparar sopa,  o frescas para diferentes platos de cocina. Además de los usos tradicionales para la salud, como el usar esas hojas para problemas dermatológicos; o el fruto para bajar la fiebre o erradicar la disentería. En definitiva, es uno de los árboles que más beneficio produce para las comunidades locales, tanto para su autoconsumo como para proporcionar riqueza con la venta de sus productos, sobre todo a las mujeres que suelen ser las que realizan estas labores.

Todas las cifras asociadas a este gigante africano son realmente increíbles: se cree que un árbol de este tamaño contiene hasta 100.000 litros de agua en su interior, y que algunos ejemplares pueden llevar sobre la faz de la tierra prácticamente desde que el Hombre la ha pisado, es decir, entre  6.000 años y 4.000 años de antigüedad, según algunas pruebas realizadas con carbono 14. 

El árbol sagrado africano y símbolo de Senegal, necesita protección. Estos colosos debido al cambio climático, y sobre todo, al calentamiento global, ya no van a poder hacerse viejos, ya no van alcanzar esas proporciones, según el estudio del investigador David Lindenmayer de la Universidad Nacional de Australia. Admite que las frecuentes sequías, y otros fenómenos meteorológicos, pueden pasar factura en estos titanes. Al igual que les ocurrirá a otras especies milenarias por otros continentes.

Estos árboles deberían formar parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su pérdida sería un desastre a todos los niveles, sobre todo para el ecosistema en el que habitan. Si ellos desaparecen, el clima ya no va a ser el mismo. Las cantidades ingentes de asimilación de carbono que sucede en ellos y la gran humedad que proporcionan, harían variar hasta la biodiversidad que suele desarrollarse junto a ellos.



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