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En palabras del arquitecto Luis Fernández-Galiano, “la civilización es el ahorro de la energía”. Pensemos ahora en su contrario: el despilfarro de energía es el fin de la civilización. Nuestra sociedad no es consciente del hercúleo esfuerzo necesario para producir, transportar y gestionar la energía. Podemos tener en la batería de nuestro móvil los electrones que se producen en una central nuclear en Francia. La situación energética que está viviendo la sociedad europea lleva a recordar una serie de reflexiones y acontecimientos que han condicionado nuestro pasado más reciente.

Los inicios de las energías renovables

El efecto fotovoltaico fue descubierto en 1839 por el físico francés Edmond Becquerel y en 1850 se conectó por primera vez un motor solar a un sistema de refrigeración alimentado por calor.

El pasado también nos muestra cómo la integración de las energías renovables en la edificación no es algo que se ciña a este preocupado primer cuarto de siglo XXI. Ha sido posible desde hace décadas, aunque el apoyo de promotores, arquitectos y políticos para emplearlas haya sido cambiante.

Así, 1920 fue el año de mayores ventas de captadores solares en Los Ángeles. Posteriormente decaerían porque entre 1920 y 1930 se descubren enormes yacimientos de gas natural en el valle de dicha región. En 1941, “más de la mitad de la población de Miami usaba agua calentada por el sol y el 80% de las nuevas casas construidas en Miami entre 1937 y 1941 contaban con equipos solares” (The Golden Thread, 1980).

A pesar de este negativo cambio de tendencia energética, hace 100 años ya existían escritos que contundentemente propugnaban la utilización de las fuentes de energía renovable. El inventor y pionero de la energía solar Frank Schuman afirmaba que “la raza humana debe finalmente utilizar la energía del sol o volver a la barbarie”.

La energía como motor de cambio

En referencia a la energía, hay dos hechos importantes que cabe recoger. En primer lugar, en 1945 la Asociación de Hospitales de EE. UU. recogió como opción preferente la generación de energía en el mismo sitio de consumo. La asunción de esta decisión técnica, casi política, cambiaría radicalmente nuestras ciudades y el territorio en el que se implantan.

El segundo acontecimiento se produjo en 1948, cuando se descubrió Ghawar, el mayor campo petrolífero del mundo, lo que conllevó una bajada en el precio del suministro del crudo y el consecuente aumento del consumo energético.

La energía ha sido motor, causa y necesidad de cambios en la historia. No es el momento de exponerlos todos aquí, aunque, como complemento a las líneas que siguen, bien podría recordarse aquella visión de Hergé, cuando, adelantándose una vez más al futuro, expresa en el álbum Tintín en el país del oro negro (1951) la preocupación sobre la dependencia del mundo occidental del petróleo como fuente principal de energía.

Lecciones del pasado en temas de energía

Ahora, voy a tratar de relatar lo que pasó en la guerra de Yom Kipur de 1973 y, después, repetiré las mismas frases cambiando los sujetos. No es ni una descripción pormenorizada de aquellos hechos ni mucho menos una visión clarividente de lo que nos puede deparar el futuro próximo, sino una relectura del pasado para tratar de conocer qué puede suceder al acabar el actual conflicto en Ucrania.

En 1973, en la guerra de Yom Kipur, se libra una enfrentamiento entre Egipto y Siria (querían recuperar el Sinaí y los Altos del Golán) con Israel. El conflicto armado comienza cuando la coalición lanza un ataque sorpresa conjunto sobre las posiciones israelíes. La guerra tuvo implicaciones internacionales más allá del ámbito político: el embargo petrolero a Occidente y la rebaja de la producción de los países árabes productores de petróleo desencadenó una drástica subida del precio del crudo.

En España, fruto de aquella crisis, tuvo lugar el primer acercamiento a los problemas de ahorro de energía con el Decreto 1490/75 de 12 de julio de 1975 sobre aislamiento térmico en los edificios, preludio de lo que sería la norma básica de edificación NBE-CT-79, que durante casi 30 años fue la normativa que marcó la senda del consumo de la energía en la edificación.

Cambios escasos en el presente

Ahora, hagamos el ejercicio que les proponía, sustituyendo aquellos protagonistas por los actores actuales. En 2022 se libra una guerra entre Rusia (quería recuperar unos territorios considerados como prorrusos) con Ucrania. La guerra comienza cuando Rusia lanza un ataque sorpresa sobre las posiciones ucranianas. El conflicto ha tenido implicaciones internacionales más allá del ámbito político: el embargo económico a Rusia y la disminución de la demanda de gas desde la Unión Europea desencadenó una drástica subida de la energía.

En España, fruto de esta crisis, se podría plantear que, por ley consensuada por todos los partidos políticos, seamos autosuficientes energéticamente aprovechando las extraordinarias condiciones de las que disponemos para utilizar diferentes energías renovables y desarrollar también, por fin, la tecnología del hidrógeno. Aunque, lamentablemente, no se ha tomado ninguna decisión de este calado, sí se han dado algunos pasos en la buena dirección. La historia nos muestra que energía y economía van de la mano y cómo su conexión condiciona la supervivencia de la especie humana.

Fuente: César Martín-Gómez / THE CONVERSATION

Artículo de referencia: https://theconversation.com/ucrania-y-la-energia-la-historia-se-repite-181436



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