Las nubes Cirrus son el género más característico de las nubes altas, de fácil identificación gracias a su textura fibrosa. Son de color blanco intenso y tienen un inconfundible aspecto filamentoso más o menos denso. Se trata de nubes muy delgadas y formadas por cristales de hielo que normalmente se encuentran a densidades bajas.

Como consecuencia de eso, cuando el cielo está cubierto por Cirrus u otras nubes altas, el Sol, y también la Luna, son perfectamente visibles. Si es de día, los objetos continúan proyectando sombras, aunque la radiación solar está amortiguada.

Como el resto de nubes altas, como se encuentra a mucha distancia del suelo, el movimiento aparente desde la superficie es muy lento.

A pesar de eso, muchas veces se desplazan a velocidades bastante elevadas impulsados por los fuertes flujos de viento que circulan por las capas altas de la troposfera. Como veremos en siguientes artículos, en función de su forma y distribución pueden reconocerse diferentes especies de Cirrus.

Cirrus

Los Cirrus se generan por la ascensión, a niveles altos de la troposfera, de una masa de aire que tiene un cierto contenido de vapor de agua. El fuerte enfriamiento que experimenta hará aumentar su humedad relativa y el vapor se sublimará originando pequeños cristales de hielo a causa de las bajas temperaturas, alrededor de -40°C a -60°C, que hay en esta zona de la atmósfera.

Este proceso de formación tiene lugar en el primer tramo de los frentes cálidos y a partir de la disipación de nubes de tormenta.

Los Cirrus pueden observarse en distintas situaciones meteorológicas. En situaciones de estabilidad atmosférica, pueden observarse algunas veces aislados o en pequeños grupos.

Sin embargo, cuando aparecen por uno de los cuadrantes del cielo y se disponen en unas alineaciones preferentes que convergen hacia el punto del horizonte por donde han empezado a observarse, indican la proximidad de una perturbación, generalmente un frente cálido.

España

En España, este tipo de perturbaciones muy a menudo llegan bastante desgastadas a las regiones mediterráneas mientras que se muestran más activas en las zonas de la vertiente atlántica.

Los Cirrus son el primer indicio que se puede observar en el cielo unas 24 horas antes del inicio de un cambio de situación meteorológica, pues después de un frente cálido habitualmente llegará un frente frío que suele ser más activo y quizás también la parte activa de una depresión.

Los Cirrus, especialmente las especies más densas, también pueden formarse a partir de la disipación de la parte superior de las nubes de tormenta o Cumulonimbus.

Por eso, también menudean en el cielo en situaciones de inestabilidad en las que se producen tormentas. Un caso parecido puede producirse en la parte central de las áreas de baja presión, donde son frecuentes las corrientes convectivas que originan chaparrones y tormentas.

Los Cirrus son el género de nubes que presentan la densidad más baja de partículas; se han registrado valores de sólo entre 0´01 y 10 cristales de hielo por centímetro cúbico de volumen.

Fuente: Javier Martínez de Orueta, Técnico en Medio Ambiente y Educador Ambiental,

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