El correo electrónico no es tan inmaterial como parece y su existencia requiere de grandes consumos de energía.

Solemos asociar las emisiones de CO2 con los tubos de escape de los vehículos o las chimeneas de las fábricas. De igual modo, sabemos que el aire acondicionado o las cocinas eléctricas consumen grandes cantidades de electricidad.

Sin embargo, no solemos relacionar los clics que hacemos cuando navegamos por Internet con el consumo de electricidad y las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero cada interacción que tenemos en la red, alguna más que otra, supone un consumo de electricidad, aunque no lo veamos porque se produce a miles y miles de kilómetros.

“Todos los días creamos montones de datos: correos electrónicos, vídeos, entradas en Facebook, Instagram, vemos Netflix, usamos WhatsApp, etc. En pocas palabras, cada interacción que tenemos en la web es realmente una pieza de datos y tiene que ser almacenada en algún lugar, en la tierra… en servidores de datos”, explica Ana Figaredo, directora general del banco suizo Lombard Odier en España.

“Estos centros de datos consumen enormes cantidades de energía y de agua: los servidores se sobrecalientan y el proceso de enfriamiento requiere una cantidad asombrosa de agua y energía”, añade la directiva.

“La industria de la tecnología de la información en su conjunto supone el 7% de toda la electricidad que se consume en el mundo y el 21% de esta es consumida por los centros de datos”, señala Tatiana Muño, responsable de Cambio Climático y Energía de la organización ecologista Greenpeace. “Lo que más consume es la información en streaming”, explica Muño. Pero todo suma, también un simple correo electrónico.

Correo electrónico

“Enviar 65 mensajes de correo electrónico equivale aproximadamente a conducir un kilómetro en coche. Cada día se envían unos 280.000 millones, lo que significa que, por año, el equivalente al uso del correo electrónico en el mundo genera tanto CO2 como tener siete millones de coches más en las carreteras”, afirma Figaredo.

El consumo de datos no para de aumentar. “En el año 2020 ya seremos 4.000 millones de personas en el mundo las que tendremos acceso a Internet”, indica la portavoz de Greenpeace.

Ante el crecimiento esperado del uso de Internet, “más de 20 grandes compañías del sector, encabezadas por Google, Facebook y Apple, se han comprometido a que el 100% de su energía proceda de fuentes renovables”, explica Nuño. De este modo, se evita la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero.

En el marco de esta campaña para reducir su huella de carbono, los centros de datos también se están desplazando hacia los países del norte de Europa, grandes consumidores de energías limpias y, al mismo tiempo, regiones frías que permiten reducir las necesidades de refrigeración de los equipos.

Por otro lado, también están saliendo al mercado nuevas soluciones para la refrigeración mucho más eficientes desde el punto de vista energético.

Huella de carbono

El usuario, a título individual, también puede contribuir a reducir su huella de carbono digital. “Las pequeñas acciones cuentan y con sólo eliminar los correos electrónicos antiguos se puede ahorrar energía.

Por ejemplo, al eliminar 30 mensajes de correo electrónico se pueden ahorrar 222 W, casi el equivalente a una bombilla de bajo consumo que se deja encendida durante un día (216 W)”, afirma la directora general de Lombard Odier.

Tatiana Muño añade otras medidas como “cerrar las ventanas del navegador de internet si no las estamos utilizando” o, más en general, “apagar el router por las noches, no dejar los aparatos en stand by, apagar el ordenador en lugar de suspender la sesión o reciclar los viejos aparatos electrónicos”.

Fuente: LORENA FARRÀS PÉREZ / LA VANGUARDIA,

Artículo de referencia: https://www.lavanguardia.com/natural/tu-huella/20190901/4773917213/correo-electronico-co2-internet-centros-de-datos.html,



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