El cambio climático ha adelantado la salida de flores y hojas y ha reducido el número de días al año que hiela. Pero, sorprendentemente, respecto a hace 30 años, en Europa las plantas tienen que soportar más días al año con heladas durante su temporada de crecimiento, tras la inactividad del invierno.

El hecho de que las flores y las hojas broten más temprano (incluso antes del inicio de la primavera) y que su actividad se pare más tarde (casi en invierno) hace que se expongan más a posibles heladas.

“Hemos visto que las regiones más afectadas son aquellas donde más se ha dilatado el periodo de actividad de las plantas, ya que están más expuestas a sufrir sobre todo las heladas primaverales”, comenta Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el CREAF y uno de los autores del estudio publicado en Nature Communications.

Durante las tres últimas décadas, el total de días a lo largo del año con temperaturas por debajo de los 0 ºC se ha ido reduciendo progresivamente.

Plantas

En general, en Europa las plantas han avanzado su actividad en el calendario, y durante esta etapa de crecimiento sensible para ellas deben afrontar ahora tres días más con heladas que hace 30 años.

Contrariamente, en Asia y buena parte de América del Norte, en los últimos 30 años se ha reducido el número de días en los que las plantas sufren heladas durante su periodo de crecimiento. Esto se explica porque, a pesar de que también se ha dilatado el periodo de actividad como en Europa, el calentamiento del clima ha reducido mucho el número de días al año que hiela.

Sin embargo, ha habido episodios donde el adelanto de la temporada de crecimiento ha tenido efectos muy negativos en estas regiones.

“En 2007 hubo una semana de heladas primaverales en el centro y el este de Estados Unidos. Esto hizo que cultivos que habían empezado a crecer y a florecer antes de tiempo redujeran su producción un 19% el trigo, un 75% los melocotones, y un 66% las manzanas y las nueces, con pérdidas económicas por valor de 2.000 millones de dólares”, explica Peñuelas.

El estudio se ha realizado para latitudes superiores a los 30º en el hemisferio norte, a partir de datos obtenidos por satélite, observaciones fenológicas en el campo y un registro de temperaturas desde 1982 a 2012.

Fuente: LA VANGUARDIA,



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