El Gobierno debe decidir si está comprometido con los combustibles fósiles o con la lucha contra el cambio climático.

En 2017 el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente encargó a IDAE la implementación del plan MOVALT, con un presupuesto de 21 millones de euros, de los cuales 10,6 se destinaron a vehículos propulsados por gas. Por su parte, el entonces Ministerio de Economía y Empresa gestionaba el plan MOVEA, dotado con 14 millones de euros.

En 2018 estaba previsto fusionar todas las ayudas para la adquisición de vehículos de energías alternativas en el plan VEA, gestionado por IDAE, que tenía presupuestado 66,6 millones de euros (50 para compra de vehículos, y 16,6 para infraestructura). Pero el plan VEA no llegó a publicarse ese año.

Y ahora, en 2019, como ese dinero sigue presupuestado aunque no se ha gastado, se vuelve al esquema de dos planes diferentes, el MOVES gestionado por IDAE, y el MOVEA gestionado por MINCOTUR.

El MOVES cuenta con una dotación de 55 millones de euros, a la que hay que sumar los 15 millones de euros del plan MOVEA (70 millones de euros en total). Es decir, se han añadido 3,4 millones de euros extra a la cantidad destinada al plan VEA de 2018 (no gastado) y se ha dividido en dos.

El gas no es la solución

Para la red Gas no es Solución, integrada por decenas de organizaciones y colectivos contrarios al desarrollo del gas en el Estado español, los vehículos propulsados por gas no deben gozar de ningún tipo de ayuda pública, dado que estos vehículos constituyen un evidente paso atrás en la descarbonización del transporte.

El gas es un combustible fósil que junto al petróleo y el carbón debe desaparecer cuanto antes de nuestro mix energético.

La literatura científica más reciente nos alerta de que hemos venido sistemáticamente infravalorando la huella climática del gas, que es en su mayoría metano, con un potencial de calentamiento global 86 veces superior al del CO2 en los primeros veinte años de prevalencia en la atmósfera.

El metano tiende a fugarse al estar en condiciones de presión, con lo cual las potenciales ventajas climáticas de quemar gas en comparación con los otros combustibles fósiles quedarían anuladas debido a estos escapes durante la cadena de suministro, estimados en un 0.2 % – 10 %. La ciencia muestra cada vez con más contundencia que lo son.

Plan MOVES

Esta realidad es la que ha llevado al IDAE a excluir los coches que utilizan gas de las ayudas del plan MOVES, que en los términos actuales sólo prevé ayudas para coches y bicicletas eléctricas e infraestructura de carga eléctrica (aunque sí prevé ayudas a los vehículos pesados de gas).

Al margen de la cuantía, esta decisión constituía una señal clara al mercado y a los fabricantes como SEAT, que han emprendido con fuerza una campaña para promocionar sus nuevos híbridos de gasolina y gas con el reclamo “eco”, indicando a la industria que el futuro de la movilidad no pasará por el gas.

Sin embargo, el Gobierno ha deshecho con una mano lo que hacía con la otra al lanzar el plan MOVEA, planteado por MINCOTUR, que prevé conceder ayudas a las categorías de turismos, furgonetas y furgones, autobuses y autocares, motocicletas y cuadrociclos propulsados por gas, además de los propulsados por motores eléctricos y pilas de combustible.

Mantener las ayudas

La decisión de mantener las ayudas a los vehículos de gas muestra, a juicio de la red Gas no es Solución, la incoherencia de un Gobierno que, mientras hace declaraciones en la COP 24 en favor de la descarbonización de la economía, decide mantener el gas en la propuesta inicial del plan MOVEA.

Para la red, el Gobierno ha de ser coherente con los objetivos de descarbonización que defiende públicamente y dejar de promover, con dinero público, un transporte basado en combustibles fósiles; debe dejar claro que su compromiso es con el Acuerdo de París y no con apuestas equivocadas.

Teniendo en cuenta además que la estrategia a largo plazo sobre energía y clima de la Comisión Europea plantea la necesidad de una mayor contribución del transporte hacia su electrificación etc. y descarta el papel de los combustibles fósiles en el transporte por carretera, resulta muy difícil de entender, y más aún de justificar, que siendo ése el objetivo a alcanzar durante la transición energética, nos dediquemos por el contrario en el camino a fomentar el uso del gas desde las políticas públicas.

Fuente: Ecologistas en Acción,

Artículo de referencia: https://www.ecologistasenaccion.org/?p=113235,



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