Actividades como cacería, ganadería y pesca indiscriminada, así como el cambio climático, atentan contra el manatí (Trichechus manatus), también conocido en nuestro país como vaca marina.

Aunque no se ha confirmado, debido a los pocos estudios que hay sobre la especie, el manatí se distribuye en Colombia en las cuencas de los ríos Atrato, Sinú y San Jorge. También se encuentra en la parte media del río Magdalena y en los Llanos Orientales. 

Un gran manatí puede medir entre 2,5 y 4,5 metros de longitud, y puede pesar entre 200 y 600 kg. Además, tiene periodos de respiración de entre 4 y 20 minutos. 

Es una especie que necesita cuerpos de agua con muy buena vegetación, pues puede comer entre un 8 % y un 10 % de su peso en un día. Por eso, los requerimientos alimenticios son bastante amplios y su dieta es variada, aunque el gramalote y el buchón son sus plantas preferidas. 

Los cuerpos de agua donde se encuentra son de gran profundidad, por lo que, además de los ríos, frecuenta ciénagas y lagos. 

La ganadería, que puede ser bovina o de búfalos, ha generado un impacto fuerte por la compactación de la tierra, que hace que lugares acuáticos se sequen mucho más rápido. Esta situación repercute en la baja profundidad de estos ecosistemas durante largos períodos. 

“Un manatí es un animal longevo que tiene periodos de reproducción bastante largos. El embarazo es de 13 meses, aproximadamente, y su destete es más o menos a los dos años, o sea que en un periodo de cuatro años puede volver a tener una cría. Por eso, la pérdida de un individuo puede afectar bastante a una misma población”, explica Katherine Arévalo, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia que Katherine Arévalo, bióloga de la Universidad Nacional que trabaja con la Fundación Macuáticos Colombia por la preservación de este mamífero. 

La experta, quien ofreció una charla en el auditorio del Instituto de Ciencias Naturales de la U.N., agregó que la cacería no es solo por su carne sino por su cuero, que es bastante rígido y es usado para hacer rejos y para la venta. 

Agrega que el consumo de la carne es un elemento cultural en muchas poblaciones y que, entre los comensales, hay un mito que dice que tiene siete sabores, hecho que ha afectado bastante a la población. “Es muy común encontrar este tipo de comercio en Barrancabermeja, por ejemplo”, comenta. 

La investigadora afirma que cultivos como el de palma de aceite han afectado al Trichechus manatus, debido a que los cultivadores no respetan las distancias mínimas con los cuerpos de agua. A esto se suma que no se utilizan buenos métodos de producción, como fertilizantes y materiales no químicos ni tóxicos. 

“Hemos encontrado que, por sus características fisicoquímicas, los niveles de metales pesados y otros contaminantes están llegando cada vez más al manatí a través de su comida, lo cual le produce, entre otros, problemas en la piel”, comenta. 

El calentamiento global y el fenómeno de El Niño, que generan períodos muy grandes de sequías, han generado reducción de cuerpos de agua. Por lo tanto, los animales bajan su metabolismo y deben quedarse en pozos muy pequeños hasta que vuelvan las lluvias, para poder salir y buscar su alimento. 

Al respecto, la bióloga destaca varias normativas que ya existen en el país y que buscan contrarrestar la pérdida del manatí. Entre estas se encuentran: la Política Nacional para Humedales Interiores en Colombia; el Programa Nacional de Manejo y Conservación de Manatíes en Colombia; la Resolución No. 0192, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con la que se protegen especies silvestres amenazadas; y el Plan de Acción Nacional Para la Conservación de los Mamíferos Acuáticos de Colombia. 

“Es un esfuerzo grande escribirlos y que diferentes sectores se unan para saber que lo que se hace es muy bueno. Sin embargo, hay que aplicarlos y en eso el país se está quedando corto”, señala la especialista. 

Adicionalmente, destaca la labor del Proyecto Vida Silvestre, una iniciativa liderada por Ecopetrol, administrada por WCS-Colombia e implementada por varias organizaciones nacionales que hacen investigación científica en el campo ambiental. 

Su objetivo es poner en marcha programas de conservación para diez especies de fauna y flora, con el fin de mantener o incrementar los niveles de biodiversidad en áreas de operación de la estatal petrolera colombiana, en las regiones del Magdalena Medio y los Llanos Orientales. 

En el caso del Magdalena Medio, el manatí ha sido escogido como una especie paisaje, pues presenta altos requerimientos de área heterogénea, se encuentra fuertemente amenazado, desempeña varias funciones ecológicas y es una especie carismática y bandera. Así, se ha formulado un proyecto cuyo objetivo es mantener y mejorar las condiciones del hábitat para favorecer la ocupación del manatí del Caribe en el Complejo Cenagoso Carare-San Juan.



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