Limitarse a abordar los retos y peligros de agua y saneamiento en el interior de las fronteras nacionales lastra el progreso hacia una solución, lamenta Amina J. Mohammed, vicesecretaria general de Naciones Unidas. Esta tendencia, sin embargo, es cada vez más común.

“Es una dirección completamente equivocada y ha llegado el momento de reaccionar”, explicaba desde la Semana Mundial del Agua, que se celebró a finales de agosto en Estocolmo. Mejor uso de las inversiones, compromiso político y ampliar los horizontes más allá de las soluciones técnicas son algunas de las claves que la experta nigeriana propone para responder ante esta situación.

“El problema del agua es realmente global. Las consecuencias de la escasez, por ejemplo, son las mismas en California y en Sudáfrica. No hay distinción entre Norte y Sur. Se necesita mejor coordinación a escala internacional, pero también entre distintos actores en cada país”, asegura.

“Hay que considerar las cuestiones de agua como un punto de partida para abordar a la vez todos los otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Se dice a menudo que necesitamos mejores políticas, pero creo que ya las tenemos. Ahora hay que ponerlas en práctica. Necesitamos un plan”.

Y para que funcione, los inversores tienen que tener claro que gastar en agua conlleva beneficios económicos y se refleja en el producto interior bruto del país en su conjunto.

Recursos económicos

Mohammed cree que no todo se resuelve en una cuestión de incremento de recursos económicos. “Los fondos siempre han sido un problema, pero nunca lo han sido tanto como en la actualidad. Hay que invertir más, claro, pero también hay que hacerlo de una manera más eficaz”.

La diversificación de las fuentes de financiación se ha traducido también en nuevas exigencias. “Los inversores privados piden un tipo de respuestas distintas en comparación con las que ha reclamado el sector público durante mucho tiempo. Tenemos que trabajar en esta dirección, pero es un camino viable”.

La tecnología puede ser una aliada crucial. “Siempre habrá vacíos normativos, porque las cosas cambian de manera muy rápida. La tecnología puede ayudarnos a superarlos, pero tenemos que asegurarnos de que la estamos usando correctamente”, sostiene.

“La tecnología nos muestra dónde hay que invertir y ayuda a prever los resultados, pero lo que es más difícil es obtener nuevos modelos para que los resultados sean mucho más tangibles para los inversores”.

Los ODS marcan metas para que las mujeres se beneficien de los cambios, pero ahora tenemos que implementar acciones que se correspondan con la teoría

Nuevas narrativas

La diplomática considera que hay que buscar nuevas narrativas. “Las viejas prescripciones ya no sirven. Se necesita mucho más diálogo. Tenemos que encontrar una mejor manera para comunicar. Vivimos una situación complicada, en la que todos estamos retrocediendo cuando deberíamos estar actuando juntos. Los gobiernos, los inversores privados, los filántropos… tienen que entender que es importante movilizar fondos para avanzar hacia el desarrollo sostenible con una visión de conjunto”.

Ningún plan, sin embargo, funcionará si las mujeres quedan al margen. “Ellas también tienen que sentarse a la mesa de la toma de decisiones. No es una cuestión de piedad. Las mujeres tienen el potencial para buscar soluciones que vayan más allá de las fronteras nacionales y trabajar en red”, opina la antigua ministra de Medioambiente de Nigeria.

Esta estrategia, según Mohammed, tiene que ir de la mano con una política de tolerancia cero hacia los abusos sexuales, el acoso y la discriminación de género. “Las mujeres tienen que ser parte de la solución si queremos conseguir las metas fijadas. La agenda de desarrollo sostenible marca objetivos para que ellas también obtengan provecho de los cambios, pero ahora tenemos que implementar acciones que se correspondan con la teoría”.

Fuente: EL PAÍS / TIZIANA TROTTA,

Artículo de referencia: https://elpais.com/elpais/2018/10/08/planeta_futuro/1539014676_230450.html,



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