Central hidroeléctrica

Un joven ingeniero belga se asoma a un puente y observa la corriente río abajo. No puede evitar fijarse en los caóticos movimientos del agua, pero hay un fenómeno que le llama especialmente la atención. La respuesta está en la central hidroeléctrica. El líquido forma pequeños remolinos al impactar con los pilares de la estructura, disipando así parte de su energía cinética.

Su cabeza también empieza a dar vueltas: ¿habría alguna forma de aprovechar ese comportamiento para generar energía de forma sencilla? El joven pensativo se llama Geert Slachmuylders y rápidamente le comenta la idea a Jasper Verreydt, un economista que se siente atraído por ella de inmediato.

Ambos se ponen manos a la obra y comienzan a desarrollar los cálculos teóricos que muestren la viabilidad de una microturbina basada en este principio. Funciona.

Pasamos ahora al año 2018, cuando, tras las preceptivas rondas de financiación y búsqueda de apoyos gubernamentales, inauguran una de sus primeras instalaciones en Chile, aprovechando un viejo molino de agua en desuso para suministrar energía renovable a la comunidad indígena mapuche en la región de Doñihue.

El sistema consta de una estructura de hormigón que opera como un recolector del agua desviada del río. El agua fluye a través de un diseño en forma de espiral y va a parar a una hélice -el único elemento móvil- que se encarga de convertir la energía del agua en electricidad. Sencillo pero eficaz.

La versión más pequeña de esta hidroturbina es capaz de producir entre 15 y 20 kW, suficiente para suministrar electricidad a cuatro o cinco familias. Sin embargo, se trata de una tecnología fácilmente escalable hasta una producción máxima teórica de 10MW, suficiente para cubrir la demanda de una ciudad pequeña.

Energía hidroeléctrica

La energía hidroeléctrica es una de las más veteranas de entre todas las tecnologías de producción eléctrica. Pero, a pesar de ser limpia en términos de contaminación, no está exenta de inconvenientes. Por un lado, construir una presa es una obra de ingeniería compleja y con costes muy elevados.

Por otra parte, al embalsar el agua se modifican las propiedades de los terrenos adyacentes y se genera un impacto negativo en el remonte de ciertas especies de peces. La solución de la startup, por el contrario, es extremadamente barata -los fundadores calculan un retorno de la inversión en un plazo de cuatro a seis años- y permite que los peces naden sin peligro a través de la instalación. Además, sirve para filtrar posibles desechos del río gracias a una rejilla autolimpiable. Por último, su vida útil estimada es mayor a veinte años.

Esta innovadora tecnología tiene un gran potencial en zonas montañosas de países en desarrollo y comunidades aisladas, ya que es capaz de funcionar en ríos poco caudalosos, siempre y cuando exista un desnivel en su recorrido para instalarlo. La estructura puede colocarse en la orilla o bien dentro del propio curso del agua, en función de las características del terreno.

Al igual que los aerogeneradores, las placas solares y las pilas de combustible, este tipo de microturbinas podrán contribuir a la descentralización de la producción de electricidad o generación distribuida.

Fuente: I´MNOVATION #hub, Turbulent Hydro,

Artículo de referencia: https://www.imnovation-hub.com/es/energia/central-hidroelectrica-bolsillo/,



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