Las millones de toneladas de plástico que existen y se desplazan por los océanos han captado la atención del público en los últimos años.

“Pero los efectos de la contaminación por plásticos en los seres vivos que habitamos la superficie terrestre podría ser una amenaza peor de lo que se pensaba”, alerta ONU Medio Ambiente, con motivo del simposio que se celebrará a principios mayo en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, precisamente, sobre este asunto de vital importancia.

Muy poco del plástico que desechamos todos los días se recicla o se convierte en energía a través de la incineración. Gran parte de estos materiales termina en vertederos, donde puede demorar hasta 1.000 años en descomponerse y libera sustancias potencialmente tóxicas al suelo y el agua.

Microplásticos

Investigadores en Alemania han advertido ya de que el impacto de los microplásticos en los suelos, los sedimentos y el agua dulce podría tener un efecto negativo a largo plazo en los ecosistemas.

Los científicos estiman que la contaminación terrestre por microplásticos es entre 4 y 23 veces mayor que la océanica, dependiendo del sitio de comparación.

Los expertos concluyen que, aunque se han realizado pocos estudios en este campo, los resultados hasta la fecha son preocupantes: los fragmentos de plástico están presentes prácticamente en todo el mundo y pueden desencadenar muchos tipos de efectos adversos.

El análisis publicado por estos autores alemanes estimaba que un tercio de todos los residuos plásticos termina en suelos o agua dulce.

La mayor parte de este plástico se desintegra en partículas de menos de cinco milímetros, conocidas como microplásticos, y estas se descomponen aun más hasta llegar a ser nanopartículas (menos de 0,1 micrómetros de tamaño). El problema es que estas piezas microscópicas están entrando en la cadena alimenticia.

Aguas residuales

Las aguas residuales constituyen un factor importante en la distribución de microplásticos. De hecho, entre 80% y 90% de las partículas de plástico contenidas en las aguas residuales, como las fibras de prendas de vestir, persisten en los lodos de las aguas residuales, según el citado estudio.

Este material a menudo se aplica como fertilizante, lo que significa que varios miles de toneladas de microplásticos terminan en nuestros cultivos cada año. Estas partículas incluso se pueden encontrar en el agua del grifo.

Además, las superficies de los pequeños fragmentos de plástico pueden ser portadoras de organismos causantes de enfermedades y actuar como vectores de éstas.

También pueden interactuar con las criaturas que viven en el suelo, afectando su salud y las funciones de la tierra. Las lombrices de tierra, por ejemplo, crean sus madrigueras de forma diferente cuando los microplásticos están presentes en el suelo, lo que afecta la aptitud física de la lombriz y el estado del suelo, ponen como ejemplo desde ONU Medio Ambiente.

Fuente: ABC,