Isabel Rodríguez habla claro sobre basuraleza y envía un mensaje directo a través de su última novela de ficción «Seis Dedos». Una denuncia ambiental, que pretende provocar un cambio de actitud y frenar el abandono de residuos en entornos naturales.

Llevaban recogidas y estabilizadas una treintena de extensiones para microscopio registradas con su código de barras, catalogadas según hora, fecha, temperatura y profundidad. Las guardaban temporalmente refrigeradas en el congelador especial a menos dieciocho grados para su posterior estudio. Eran conscientes de que aportaban un granito de arena, o mejor dicho una gota de agua, en el estudio de la contaminación de los océanos.

Basuraleza 1
Basuraleza 2
Basuraleza 3

Basuraleza

—¿Hasta nuestro regreso no sabremos el nivel de contaminación de las aguas que  circundan este paraíso? —preguntó Selma aun conociendo la respuesta.

—Si uno de los dos fuera biólogo marino, ya lo sabríamos. Prefiero nadar y sumergirme en este mar paradisiaco sin conocer el resultado. Es más sugerente e inspirador.

—¿Sabes que hay microplásticos que provienen de las cerdas de un cepillo de dientes? Lo leí en la consulta del odontólogo. En cuanto salí a la calle, me compré uno biodegradable en la primera farmacia con la que me topé. Más de lo mismo con el hilo dental tradicional que está hecho de teflón o de nailon. El apropiado para ayudar al planeta es el de fibra natural recubierto con cera de abeja. Si lo pensamos hay un montón de cosas con las que poder contribuir.

—Por eso yo no utilizo maquinillas de afeitar desechables ni brillantina ni ropas sintéticas. En el mercado existen muchas alternativas. Tan solo falta asumir individualmente un cambio de actitud al respecto. Siempre se suele poner como cabeza de turco a los gobiernos, pero todos sabemos que el cambio debe empezar por uno mismo.

—¡Cierto! Aquí uno se da cuenta de que, aunque el agua parezca tan pura, si filtráramos el plancton, seguramente recogeríamos una pequeña cantidad de microplásticos. Lo que ahora está tan de moda nombrar como basuraleza —enfatizó Selma.

—Sí, a todos los residuos generados por el hombre dañinos para el ecosistema y abandonados en la naturaleza los llaman basuraleza. Si te fijas, la masa forestal de esta isla, al estar apenas habitada, parece intacta. Es como un bosque primitivo nunca explotado donde la naturaleza es aún virgen.

—Imagino la gran riqueza biológica e importancia ecológica que tiene. Aquí está reunida toda la diversidad terrestre existente en el planeta —añadió Selma.

—Si hacemos una comparativa con el mar, podemos deducir que son las corrientes las que arrastran por los océanos la basura microscópica de partículas de plástico. Y ya no tan solo partículas, recuerdo que hace tres días vimos restos de botella y dos latas de cerveza a veinte metros de profundidad. La basuraleza empieza a ser omnipresente y la basura que no es biodegradable nos la comemos.

—¡Qué exagerado! —exclamó Selma.

—¿Exagerado? Llamas exagerar a la variedad de fuentes de uso cotidiano de las que provienen, como neumáticos, cosméticos, procesos industriales, desechos plásticos, etc. Se sabe que entre el 2 % y el 5 % del total de los plásticos fabricados en el planeta termina en los océanos y, al degradarse, por ejemplo, bolsas, botellas, redes de pesca…, representan entre el 69 % y el 81 % de microplásticos que se localizan en ellos. No es estadística, soy realista. La ONU hace poco declaró que en el mar había hasta 51.000 millones de partículas que podían ingerir los animales marinos y terminar a través de la cadena alimenticia en nuestros estómagos.

—¿Qué podemos hacer? —Nosotros, no usar plásticos y hacer activismo social para que las industrias dejen de producirlos. A nuestro regreso tendremos trabajo cuando el laboratorio haya estudiado todas las muestras y dictaminado su existencia.

Fragmento sobre basuraleza, de la Novela de Ficción “Seis Dedos”, de Isabel Rodríguez. Editorial Círculo Rojo.

Fuente: Isabel Rodríguez,



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