Ante el anuncio de convertirse en capital olímpica en 2012, Londres apostó por una importante inversión en un sistema de transporte seguro, eficiente y limpio donde se priorizó y visibilizó el uso de la bicicleta. Esta visión se implementó tanto en los 32 distritos que conforman la capital británica, así como en la City of London teniendo claro que la bicicleta tiene un cometido esencial tanto en la movilidad, la salud, el medio-ambiente como en la sociedad.

De este modo, Londres implementó gradualmente medidas para desincentivar el uso del automóvil y priorizar el transporte público, los viajes a pie y en bicicleta.

Es decir, se crearon vialidades con carriles preferenciales para el transporte colectivo, se aplicaron restricciones de velocidades, volumen y tipología de vehículos en vías secundarias y se delimitó una zona de bajas emisiones para circular en coche por el centro de la ciudad, la conocida LEZ (Low Emission Zone, en vigor desde 2008), complementada por la reciente ULEZ (Ultra Low Emission Zone, en vigor desde 2019).

Un reciente estudio dirigido por el académico y arquitecto Matthew Carmona, profesor del Departamento de Planificación Urbana y Diseño Urbano de la Barlett School of Architecture de Londres, ha revelado que las personas que no se desplazan en coche gastan un 40% más cada mes en comercios y establecimientos locales. Esta investigación, promovida por Transport for London (TfL), afirma que las personas que caminan, utilizan la bicicleta o el transporte público de la ciudad gastan mucho más que los automovilistas.

Bicicleta

Esta investigación se ha llevado a cabo en áreas de Londres cuyos residentes se han beneficiado recientemente de mejoras en el entorno urbano, principalmente con la adición de carriles bici y la naturalización de espacios abiertos. En el municipio de Bromley, por ejemplo, el número de personas caminando en las calles ha aumentado en un 93% desde la implementación de estas mejoras.

Hoy por hoy, dicho municipio ya tiene doce rutas designadas para ciclistas que unen todos los centros urbanos principalmente a través de calles residenciales y, cuando es posible, se utilizan rutas fuera del entorno residencial que tejen comercios con otros servicios.

Después de la implementación de estas mejoras, se demostró que la gente pasa más tiempo en la calle, con un aumento del 216% en actividades como ir a tiendas y cafés. Consecuentemente, el valor de los alquileres de los comercios aumentó un 7,5% y hubo un descenso del 17% en las plazas vacantes de los locales comerciales.

De esta manera, esta investigación —tal y como menciona la directora de estrategia de TfL, Lilli Matson— muestra un vínculo entre la creación de entornos saludables, el tiempo que la gente quiere pasar en ellos, y la oportunidad de negocio.

Cabe mencionar también que, tanto las autoridades locales como los agentes inmobiliarios han encontrado un posible gran beneficio en la implementación y creación de calles saludables, vistas como una oportunidad de negocio; una tendencia ya adquirida por muchos inversores en las principales ciudades europeas.

Las mejoras en la calidad de vida en las zonas de propiedad pública aportan beneficios sustanciales tanto a los usuarios cotidianos, los ocupantes del espacio, así como a los inversores inmobiliarios quienes han visto una clara oportunidad en aumentar el valor de las propiedades.

Evitar muertes prematuras

En relación con este enfoque de crear calles saludables, cabe mencionar que según este estudio, si uno de cada cuatro residentes en Europa escogiera la bicicleta para moverse a diario por la ciudad, se evitarían alrededor de 10.000 muertes prematuras al año.

Este estudio parte del Proyecto PASTA (Physical Activity through Sustainable Transport Approaches) donde se recogen datos de 167 ciudades europeas y se sugiere que el cambio al uso de la bicicleta como medio de transporte es beneficioso para la salud debido al aumento asociado a la actividad física. Además, se estima que, si en todas las ciudades estudiadas la bicicleta fuese seleccionada en el 24,7% de los desplazamientos, se podrían evitar alrededor de 10.000 muertes prematuras al año.

Un porcentaje alcanzable que esta investigación asocia a la longitud de la red de carriles bici, el tipo de transporte elegido y los impactos asociados con la salud. Y, en relación con la investigación liderada por Carmona, este estudio menciona que la ciudad donde más muertes podrían evitarse sería Londres.

En las ciudades donde la elección de la bicicleta es aún menor, se debería encontrar la manera para hacer entender a los agentes urbanos el gran potencial que significa aumentar y extender los carriles bici existentes que, a la vez, favorecen tanto la calidad de vida de la población como promueven el comercio local.

El enfoque de calles saludables debe consistir en una combinación de medidas que, en cierta manera, ayuden a reducir el uso del vehículo de motor basándose en políticas centradas en convertir el transporte público, la bicicleta y el arte del andar en lo más valioso y saludable para nuestras ciudades.

Fuente: TERE GARCÍA / EL PAÍS,

Artículo de referencia: https://elpais.com/elpais/2020/08/28/seres_urbanos/1598608981_088002.html,



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