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Hablamos mucho de los desastres ambientales que nos amenazan, pero no de los que hemos conseguido frenar. No sería ninguna novedad que dijéramos que el cambio climático es una amenaza mundial. Todos somos conscientes de ello y, afortunadamente, la conciencia ambiental de la sociedad está en crecimiento. No obstante, aún lejos de lo que sería necesario para frenar el cambio climático.

Pero no todo tienen que ser mensajes alarmistas y negativos. Ya hemos demostrado que hábitos, materiales y tendencias que dañan el medio ambiente se pueden revertir. Hoy hablaremos de tres desastres ambientales que, a base de cambios profundos, hemos conseguido frenar, al menos por el momento. ¿Qué podemos aprender de las acciones y decisiones tomadas en el pasado?

Desastres ambientales como la lluvia ácida

Tenemos claro que en 2021 prácticamente no se habla de lluvia ácida, cuando en los años 80 el mensaje era que se trataba del mayor desastre ambiental de todos los tiempos. Esa era la emergencia y el nombre que resonaba en nuestras cabezas.

La lluvia ácida se produce cuando los desechos producidos por fábricas y maquinaria se mezclan con la humedad del aire y entran en el ciclo del agua, regresando a la tierra cuando llueve. La lluvia ácida es la precipitación que contiene, además de agua, residuos tóxicos -principalmente ácidos-, que van a parar a la tierra y al agua, acidificando e intoxicando el entorno, suelo, plantas, animales, ríos, mares, etc. Este aumento de acidez en la atmósfera altera el equilibrio ecológico y hace que bosques y océanos mermen su capacidad de absorción de CO2.

Obviamente, la lluvia ácida no ha desaparecido, pero sí ha disminuido y ha dejado de ser el principal problema climático gracias a que se tomaron decisiones relevantes y con efectos palpables. En Estados Unidos se dieron incentivos a las empresas que redujeron sus emisiones de azufre y nitrógeno, pagando por los excesos en este tipo de emisiones. Esta política hizo que los límites de este tipo de emisiones se redujesen, eso sí, en aquellas zonas en las que se aplicaron cambios, pero no podemos decir lo mismo de zonas en las que sigue siendo un problema patente, como Asia.

Lo que sí resulta determinante es el hecho de que haber incentivado y puesto precio a la emisión de este tipo de contaminantes hizo que se redujeran drásticamente, lo cual demuestra que si se abordan este tipo de necesidades a nivel internacional, podríamos reducir mucho nuestros niveles de contaminación.

Gasolina sin plomo

Y es que ya nos resulta raro pensar en que se siga manteniendo la coletilla “sin plomo” para la gasolina, porque hace ya 20 años que no es legal en España. Eso sí, ha seguido manteniéndose aún hasta 2020 en el mundo, momento en el que Argelia la retiró, marcando un hito histórico.

Antes de esto a la gasolina se le añadía plomo, en muchos casos incluso de forma directa, para hacer que la combustión fuese más eficiente, y lo era, lo que sucede es que en el proceso de combustión liberaba partículas de ese mismo plomo a través de los tubos de escape. La ingesta a través de la respiración de partículas de plomo puede provocar diversos problemas de salud, accidentes vasculares, problemas de desarrollo en niños, etc.

Estudios científicos comenzaron a constatar los riesgos para la salud que venían ligados a la utilización de la gasolina con plomo y finalmente llevaron al consenso con organismos reguladores e industrias para prohibir su uso. Las prohibiciones de uso de la gasolina con plomo comenzaron en los años 80 y fueron paulatinas, tanto, que en España no fue ilegal hasta 2001.

Sin embargo, su uso persistió en muchos países debido a que su producción era más barata, hasta que finalmente, en 2021 se erradicó por completo. Otra cosa serán las consecuencias de su contaminación en el polvo y el suelo, donde puede tardar décadas en desaparecer.

Agujero de la capa de ozono

En la misma época, otro de los desastres ambientales de mayor impacto era el ritmo de crecimiento del agujero de la capa de ozono debido a los clorofluorocarbonos, gases de efecto invernadero conocidos como los CFC, usados, principalmente en aerosoles y refrigerantes.

Conocer el efecto de este uso hizo que en 1987 se firmase el Protocolo de Montreal, por el que se debían eliminar los aerosoles con CFC y ser sustituidos por otros que no utilizasen clorofluorocarbonos. Gracias a esta actuación se consiguió frenar el crecimiento del agujero y así hemo podido ver como en 2019 el agujero de la capa de ozono se encontraba en su menor tamaño desde 1982.

Tras reflexionar sobre estos pequeños éxitos, solo nos queda preguntarnos, ¿hemos aprendido algo? ¿Cuál debe ser el tipo de cooperación para abordar el calentamiento global?… Debemos demostrar que hacerlo de nuevo, es posible.

Fuente: STOP CAMBIO CLIMÁTICO,

Artículo de referencia: https://stopcambioclimatico.es/2021/12/15/desastres-ambientles-logrado-frenar/,



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