Ártico

El hielo marino del Ártico es el agua del océano congelada cuya extensión aumenta o disminuye según la estación del año. La capa de hielo alcanza su máxima extensión al final del invierno (marzo) y su menor extensión al final del verano (normalmente a mediados de septiembre). Este punto es el que se conoce como “mínimo de hielo ártico”.  

La agencia estadounidense NSIDC, que realiza el seguimiento por satélite de la capa de hielo del Ártico, ha dado el dato de mínimo de hielo para 2016. El registro de este año de 4,14 millones de km2 constituye el segundo registro más bajo (e iguala el registrado en 2007) y está muy por debajo de la media. La comunidad científica está alertando de que la capa de hielo no está mostrando ningún signo de recuperación. Los 10 registros más bajos han ocurrido en los últimos 10 años y la NASA ya reconoce que la reducción de la capa de hielo es “la nueva norma”.

Los datos de satélite apuntan a que el hielo marino ha disminuido una media de 3% cada diez años desde los años 70, y se ha acelerado a una media del 10% cada diez años desde 1996. Aunque esta tendencia no ha sido constante. Algunos años son peores que otros, por ejemplo, 2012 fue un año especialmente malo y al año siguiente la extensión de hielo fue algo superior. Pero la tendencia a lo largo del tiempo para la extensión de hielo al final del verano ártico es claramente decreciente sin ninguna duda

“Nos enfrentamos a la posibilidad real de que el hielo de verano del Ártico desaparezca en las próximas décadas. Eso no solo es catastrófico para las personas y la biodiversidad del Ártico sino que es peligroso para todos nosotros” ha declarado Elvira Jiménez, responsable de la campaña de océanos de Greenpeace

En marzo, el máximo de hielo dio una nueva señal de alarma con un nuevo récord de mínima extensión en el momento en el que la superficie de hielo se encuentra en su punto álgido, batiendo al anterior alcanzado en 2015. 2016 ha sido un año extremadamente caluroso por encima del Círculo Polar Ártico, y las condiciones durante el verano han favorecido la pérdida de hielo

El Ártico cubre solo el 6% de la superficie terrestre pero es vital para el sistema climático del planeta. La cubierta blanca de hielo y nieve refleja la energía solar ayudando a regular el clima y a mantener las temperaturas. Pero a medida que desaparece el hielo, queda expuesta más superficie marina oscura, que a su vez absorbe más radiación solar y calienta el clima aún más. El hielo marino ayuda a regular la temperatura y salinidad de los océanos y juega un papel crucial en impulsar las corrientes marinas y atmosféricas.

Por ello, lo que pasa en el Ártico no se queda solo en el Ártico. Se está calentando el doble de rápido que la media global, lo que está provocando cambios profundos más allá del propio ecosistema ártico. El retroceso del hielo está dejando el océano Ártico desprotegido. No existe ningún acuerdo internacional legalmente vinculante que proteja el Ártico, por lo que las empresas pesqueras y la industria de los combustibles fósiles se está expandiendo a zonas previamente inaccesibles que se encontraban cubiertas por el hielo. 

El hielo del Ártico es nuestro sistema de alarma. Nos está diciendo que el cambio climático corre el riesgo de descontrolarse. Debemos acelerar la eliminación de los combustibles fósiles y cambiar a fuentes de energía renovables de forma urgente” ha concluido Jiménez.



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