De entre todos los científicos, los geólogos son los guardianes del tiempo. Lo hacen a través de una rama llamada estatigrafía que estudia las capas de roca -o estratos- de la corteza terrestre.

Este registro fósil les permite dividir los 4.600 millones de años de historia de la Tierra en una Tabla Cronoestratigráfica Internacional, clasificados en base a los grandes cambios ocurridos en el planeta. Hace 12.000 años -al final de la última glaciación- dio comienzo la época actual, el Holoceno.

Sin embargo, desde que el ganador del Nobel de química Paul Crutzen propusiese el término antropoceno cada vez son más los científicos de distintas disciplinas que lo están utilizando, para describir una nueva época definida por los cambios provocados por el ser humano.

Inicialmente el concepto de antroproceno fue acogido con escepticismo por los geólogos, para los que 50, 500 o 5.000 años son sólo un suspiro.

Pero un grupo de disidentes, encabezado por estratígrafo Jan Zalasiewicz, aceptó que era una idea que valía la pena explorar, tanto por su base científica como por sus connotaciones políticas. Zalasiewicz formó un grupo para evaluar si era viable que el antroproceno pase a formar parte de la Tabla Cronoestratigráfica.

Además de geólogos, invitó a astrofísicos, expertos en ciencias ambientales, químicos, paleoecólogos y arqueólogos. En 2016 afirmaron en un artículo en la revista Science que el antropoceno es “funcional y estratigráficamente distinto” del Holoceno y que, en su opinión, se trata de una nueva era. Antes de aprobarse, su propuesta se debe someter a votación en la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS).

Mientras tanto el gran debate sobre el antroproceno guarda otros más pequeños en su interior. Queda aún por definir su punto de partida. En este aspecto los científicos disienten en función de las diferentes disciplinas.

Geólogos

Los geólogos creen que el final de la Segunda Guerra Mundial es la fecha más coherente; la actividad industrial y los ensayos nucleares de la década de 1950 dejarán una marca indeleble en el registro fósil.

Desde las ciencias ambientales se apuesta por el inicio la revolución industrial, porque fue entonces cuando las concentraciones de CO2 y metano comenzaron a acumularse de forma notable en la atmósfera. Los arqueólogos, por su parte, se oponen a ambas y recuerdan que la huella ecológica acompaña al hombre desde el principio de la civilización.

Huella en el planeta

Para apoyar esta tesis publican un estudio en el último número la revista Science -en el que han colaborado 250 científicos- y que muestra cómo los primeros sapiens ya ejercían un impacto en su entorno hace más de 10.000 años.

“Incluso antes de aparecer las primeras grandes sociedades, los humanos hemos transformado los paisajes usando el fuego, propagando las especies que nos interesaban o desbrozando y labrando tierras”, explica Erle Ellis, investigador de la Universidad de Maryland y uno de los impulsores del estudio.

Hemos remodelado la biodiversidad a través de extinciones y otros cambios en las poblaciones de plantas y animales y alterado las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, lo que ha afectado al clima mundial”.

Los autores señalan que la caza, la recolección y la pesca eran habituales en la mayor parte del mundo hace 10.000 años, pero que llegado el año 1.000 a.C. ya habían sido sustituidas por la agricultura y el pastoreo en más de la mitad del planeta.

“Todos estos cambios antropogénicos acumulativos han creado el mundo en el que vivimos hoy en día” afirma Lucas Stephens, investigador de la Universidad de Pensilvania y primer autor del trabajo. “Eso sí, la escala y el ritmo de esos cambios han aumentado drásticamente desde el comienzo de la era industrial”.

Aprender del pasado

Si bien los autores señalan que la actual destrucción del medio ambiente está ocurriendo a un ritmo sin precedentes, esperan que este estudio ayude a proporcionar un contexto histórico a los problemas del s.XXI.

“Hay una larga historia de sociedades que no han sabido responder a los desafíos ambientales de la sostenibilidad, sobre todo por razones sociales, como élites políticas insensibles a las necesidades de la sociedad en su conjunto”, advierte Ellis.

“Otras consiguieron desarrollar técnicas agrícolas más intensivas que les permitieron aumentar la productividad sin extender las tierras cultivables, mediante el uso de fertilizantes, el riego, la selección de animales y vegetales más eficientes. Esas sociedades también distribuyeron de manera más equitativa los alimentos y otros recursos mediante el uso de graneros públicos”.

El estudio forma parte de un gran proyecto llamado ArchaeoGLOBE, que utiliza un sistema de encuestas conjuntas puestas en común por investigadores de todo el mundo para reunir una gran base de datos que permita analizar cómo ha cambiado la relación con la tierra a lo largo de la Historia en 145 regiones distintas.

“Nuestro proyecto ayuda a relacionar las ciencias ambientales con la arqueología a escala mundial”, explica Stephens. “Mucha gente se ha dado cuenta de que el estudio de las interacciones entre el hombre y el medio ambiente deben incluir el conocimiento arqueológico”.

El autor cita la publicación a principios de agosto de un informe sobre el uso de la tierra del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Hay una larga historia de los cambios provocados por el hombre en el planeta que aún no ha sido incorporada de manera significativa en estas discusiones. Eso tiene que cambiar”, añade.

Fuente: AMADO HERRERO / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2019/08/29/5d67f4aefdddff3cb38b4617.html,



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