La siguiente infografía compartida por el sitio web La Regadera Verde muestra un dato que no debe pasar por debajo de la mesa: con la deforestación se incrementan en alrededor de un 24% las emisiones de carbono a nivel mundial y un 11% de incremento adicional ocurre gracias a actividades agrícolas intensivas.

¿Qué significa esto?

Ciertamente, la deforestación contribuye al aceleramiento de los efectos nocivos del cambio climático, porque al destruirse anualmente cerca de 7, 3 millones de hectáreas de bosques y selvas alrededor del mundo, para uso agrícola de la tierra o extracción de madera y pulpa vegetal, se están reduciendo también la capacidad que tienen los árboles de absorber un de los gases de efecto invernadero responsable del calentamiento global: el carbono.

Y es que los bosques, especialmente los bosques templados de rápido crecimiento, donde abunda la biomasa y la materia orgánica muerta de las plantas, son auténticos sumideros o depósitos de carbono que utilizan como materia prima para producir oxígeno para la vida. Por eso, cuando destruimos los árboles con fines económicos, estamos interrumpiendo el cumplimiento del ciclo global del carbono (CO2).

Los bosques en proceso de formación secuestran o toman de la atmósfera grandes cantidades de carbono, que se depositan principalmente en los tallos, en la madera de los árboles y como consecuencia de la producción de fotosíntesis.

También la imagen nos ayuda a comprender las causas de la deforestación, derivadas fundamentalmente de actividades emprendidas por el ser humano que van más allá de la necesidad de producir alimentos, porque la extracción de madera y pulpa vegetal a gran escala tienen una evidente motivación económica que persigue acumular riquezas con la venta de productos derivados como muebles, implementos para la construcción, papel en diversas presentaciones y otros de gran impacto ambiental como la minería, con la explotación del subsuelo para obtener oro y minerales estratégicos.

Deforestación

Por eso se impone que los Estados y Gobiernos avancen en legislaciones y políticas de protección ambiental más estrictas y de estrategias globales comunes que favorezcan la reducción sustancial de la deforestación a gran escala como práctica predilecta en labores agrícolas, en vez de ir hacia un desarrollo sostenible, porque las consecuencias son cada vez más dramáticas, tal, y como se refleja en la drástica pérdida de la biodiversidad a nivel planetario, donde la comunidad científica estima una disminución de un 30%, junto con la reducción de beneficios para una población global que supera los 3 mil millones de personas.

La comunidad científica, además, ha calculado que se perderán unas 28.000 mil especies para el próximo cuarto de siglo que sucumbirán ante el poderío destructivo de la deforestación.

Otras consecuencias de la deforestación son el empobrecimiento de la calidad de los suelos, que se tornan infértiles, áridos, con énfasis en regiones como Sudamérica, con Chile y Honduras entre los más afectados. Y ni que hablar del impacto en las 230 cuencas hidrográficas del mundo, que han perdido alrededor de un 50% de su cubierta forestal.

Por lo tanto, la disponibilidad de agua potable se ha visto reducida igualmente en un porcentaje alarmante que supera ya el 70% ante la desaparición de la masa forestal de los bosques del planeta.

Otro impacto relevante que ha traído la deforestación como daño colateral es la reducción de los peces en un 60% en ecosistemas lóticos y lénticos. Esto impacta también la producción pesquera a nivel mundial, que oscila entre un 2,8 % a un 5,3%. Como recoge la infografía, es brutal el daño que la deforestación viene causando a la Madre Tierra, la casa de todos.

Fuente: Roberto Espinosa / Energia Today,



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