Los expertos han analizado los peces de ocho localizaciones distintas y han observado que presentan altos niveles de cesio radiactivo. Las muestras recogidas en el río que fluye entre las localidades de Iitate y Minamisoma son las que arrojan índices más altos, con 2.600 becquerelios por kilogramo.

Los autores del informen han destacado que dicha concentración de cesio radiactivo puede deberse a los insectos que comen los peces, que poseen entre 330 y 670 becquerelios por kilogramo.

Los niveles de cesio radiactivo son menores en los peces de agua salada, como reflejan las muestras recogidas en las costas de Iwaki, con 260 becquerelios por kilogramo, que representan los niveles más altos entre las especies marinas.

Un funcionario ha explicado que las diferencias entre ambos tipos de peces se deben a que los marinos pueden excretar sal, lo que les permite desprenderse antes de la radiación acumulada.

A raíz de este estudio, el Ministerio se ha comprometido a vigilar de cerca la evolución de los peces de agua salada de Fukushima para determinar cuándo puede levantarse la prohibición sobre su consumo, según informa la cadena NHK.

Las autoridades han fortalecido los controles sanitarios sobre los productos de la prefectura, después del accidente desatado en la central nuclear de Fukushima-1 por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011.



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