Esto ocurre porque se continúa protegiendo los intereses de la industria petrolera frente al medio ambiente y a los ciudadanos, por ello es posible que se repita otra marea negra.

Esta es también la conclusión a la que ha llegado Greenpeace en el informe Otro Prestige es posible, presentado ayer en A Coruña. En él se expone que no se han cubierto las responsabilidades en el ámbito económico, legal y político; que se han minusvalorado los impactos ambientales y en la salud, y que existen alternativas al uso del petróleo, que es el origen del problema. Por ello, Greenpeace reclama un modelo energético al servicio de los ciudadanos, de la salud y del clima, y no de las compañías energéticas.

"Nada ha cambiado, ni el Gobierno, ni la legislación, ni la dependencia del petróleo y otro Prestige puede pasar. Hacen falta muchos cambios y en el sector energético son posibles", ha declarado Mario Rodríguez, director Ejecutivo de Greenpeace. "Por qué el Gobierno nos hace pagar las consecuencias de la industria energética? ¿Por qué no apoya a los ciudadanos y defiende el medio ambiente? Ya es hora de que el Gobierno cambie de bando".

Greenpeace considera que en la actualidad otro Prestige es posible porque:

  • Los representantes políticos priorizan los intereses personales y políticos sobre los intereses sociales y del medio ambiente, incluso sobre la propia responsabilidad legal que asumen al ejercer sus cargos.
  • Continúan existiendo enormes deficiencias en la legislación y en el régimen de responsabilidad en el transporte marítimos, que siguen protegiendo los intereses de la industria petrolera.
  • Ninguna de las responsabilidades es exigida por la Justicia, ni asumida por sus responsables. Ninguna de las empresas implicadas está afectada por ello, y una sola persona hará frente a todas las responsabilidades de ámbito estatal.
  • No se ha elaborado ningún estudio integral de la caracterización, evaluación y cuantificación de todos los impactos de la marea negra del Prestige.
  • El petróleo desde su extracción, transporte, y consumo, genera respectivamente irreparables, inevitables, y permanentes impactos ambientales, y su utilidad en el sistema energético puede ser sustituida por otras alternativas.

Greenpeace destaca en el informe, que ha sido elaborado por expertos, tanto de la organización como de otros ámbitos, como Gustavo Catalán o Manuel Rivas:

  • Impactos en la salud. Las actividades de limpieza del fuel del Prestige no fueron inocuas y produjo trastornos respiratorios persistentes, daños genotóxicos y alteraciones en el estado hormonal. El Gobierno y la Xunta menospreciaron el potencial tóxico vertido desde el Prestige y fueron absolutamente irresponsables al no recomendar a quienes accedían a las playas el uso del equipamiento de protección adecuado.
  • Impactos ambientales. No se ha encontrado documentación científica, diez años después, que evalúe de manera global las consecuencias del vertido. Algunos estudios puntuales, como el caso del pulpo, que en 2004 la reducción llegó hasta el 69% en algunas áreas. Los hidrocarburos del Prestige se han acumulado principalmente en el sedimento y en la red trófica bentónica.

"Los impactos del Prestige no han desaparecido, los contaminantes pasaron de una bodega de un barco al mar. Y una vez incorporado en la cadena trófica ya está incorporado en el océano, para siempre", ha declarado Sebastián Losada, asesor sobre conservación marina en la Unidad Política de Greenpeace Internacional.
 
Greenpeace concluye que no se toman decisiones que apuesten por reducir la demanda energética del petróleo porque se opta por defender los intereses de las compañías petroleras. El análisis energético de los últimos diez años es suficiente para comprobar que este sector puede cambiar mucho más rápido de lo que muchos pronosticaban. Para ello es necesario avanzar hacia un modelo energético inteligente, eficiente y 100% renovable.



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