Los científicos forman parte del proyecto MIA-VITA («Mitigar y evaluar el riesgo de impactos volcánicos en el terreno y en las actividades humanas»), financiado con 3,5 millones de euros mediante el tema de Medio ambiente del Séptimo Programa Marco (7PM). 

Cerca de 500 millones de personas en todo el planeta habitan en zonas volcánicas y su protección supone todo un reto incluso en países ricos. Pero la gestión del riesgo es más complicada en países en vías de desarrollo, ya que pueden carecer de los recursos científicos o económicos para controlar adecuadamente sus volcanes activos. Además, mucha gente vive en sus laderas debido a la abundancia de tierra barata y fértil. Si las erupciones no son comunes tanto las autoridades como la población pueden llegar a subestimar el riesgo al que están expuestos. 

El proyecto MIA-VITA está desarrollando una serie de metodologías y herramientas integradas para ayudar a los países en desarrollo a disminuir los riesgos asociados a los volcanes. Las herramientas de prevención creadas en el proyecto se basan en mapas de riesgo y proyecciones de daños. La gestión de crisis es otra prioridad del proyecto, y a este respecto trabajan en sistemas de control y alerta temprana y en redes de comunicación seguras. Por último, el proyecto busca reducir la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas y reforzar su capacidad de recuperación tras una erupción. 

Múltiples riesgos volcánicos

Los socios del proyecto trabajan en seis volcanes elegidos por la variedad de riesgos volcánicos que representan y por su probabilidad de entrar en erupción durante la duración del proyecto. Además, las dinámicas socioeconómicas y las prácticas de protección civil son distintas en todos ellos. 

El Gunung Merapi (que significa montaña de fuego en indonesio) es uno de los volcanes más activos de Indonesia, ya que suele entrar en erupción cada dos o cuatro años. Más de medio millón de personas viven en sus alrededores expuestos a flujos piroclásticos (descenso de nubes ardientes de gas, cenizas y rocas por las laderas del volcán), lahares (deslizamiento de barro a alta velocidad) así como lluvias de ceniza y rocas. 

La última erupción del Merapi fue en 2006 y los indicios de una nueva se manifestaron hace unas semanas, cuando el instrumental instalado en el volcán detectó actividad sísmica y expansión del suelo al abombarse los flancos de la montaña hacia afuera. 

El Centro de Vulcanología y Mitigación de Peligros Geológicos (CVGHM) de Indonesia, uno de los socios del proyecto, se encargó de la evacuación de la población local cuando quedó claro que la erupción era inminente. 

Miembros franceses y británicos del equipo de MIA-VITA volarán hasta el Merapi en los próximos días para unirse a sus socios indonesios. Allí trabajarán para integrar la información obtenida mediante instrumentos de teledetección satelital con señales de los instrumentos de tierra

Una vez se detenga la actividad volcánica el consorcio de MIA-VITA realizará una evaluación de las medidas de protección civil aplicadas antes y durante la erupción e investigará el efecto del volcán en la agricultura, los edificios y las infraestructuras. 

Las ciencias sociales son uno de los pilares sobre los que se asienta el proyecto MIA-VITA. En este sentido los trabajos se dedican a conocer la percepción que tiene la población del riesgo que supone el volcán y de las decisiones que toma la administración pública. Esto es especialmente pertinente en el caso del Merapi, pues varias personas hicieron caso omiso de la orden de evacuación emitida por las autoridades y algunos murieron en la erupción. 

Un volcán + un tsunami

El volcán no es la única catástrofe natural que ha afectado a Indonesia en los últimos días. Cientos de personas murieron y miles quedaron sin hogar debido a un maremoto que arrasó las islas de Mentawi, frente a la costa occidental de Sumatra. 

La Comisión Europea ha adjudicado 1,5 millones de euros en ayuda humanitaria para los supervivientes del maremoto y del volcán.



Dejar una respuesta

avatar
  Suscribir  
Notificar de