Podría decirse que Andrés es privilegiado. Ocupa, con esos seres que parecen flores con alas, uno de los espacios mejorados del Parque. Mejorados, en cuanto que intentan asemejarse a un ambiente natural y amplio para sus habitantes.

Sandra Milena Correa Montoya, la directora, una mujer apasionada por los animales, procedente del Zoológico de Pereira, tiempo del cual evoca, incluso, que crió un león en su propia casa, a quien bautizó César Fernando y que ya hace parte de "la colección" del Parque de la Perla del Otún, cuenta que desde hace un año que asumió el cargo en el de Guayabal se ha propuesto una transformación extrema del lugar.

Ese espacio que visitamos, el mariposario, lo mismo que otro en el que habitan algunos chigüiros, cisnes negros, osos hormigueros y pavos reales en total armonía, libres de rejas y con islas, árboles y pozos de agua para su disfrute, y un tercer espacio donde irán a vivir las nutrias, son apenas "obras de maquillaje" de lo que en efecto quiere lograr: unos ambientes parecidos a los naturales donde los animales se desenvuelven.

A esta transformación la llama Plan Maestro. Ya están listos los diseños, elaborados por profesionales de la Universidad Nacional. En los bocetos que ella enseña en su computador, se observa que usarán no solo las cuatro hectáreas que ahora ocupa el Parque, sino también otras tres y media que hoy están en poder del club recreativo Comfenalco.

Una tendencia global

A eso tienden los zoológicos ahora. Un artículo aparecido a principios de la semana pasada en la revista The Week y firmado por Robert Young, explica que la experiencia de visitar estos parques está cambiando. Que el nuevo concepto está basado en la manera cómo los animales están en el espacio natural, en la selva, dándoles libertad.

"Para el visitante -sigue diciendo Young- estos cambios hacen percibir al zoológico como una institución dinámica y menos como un museo, porque los animales están en movimiento".

Hasta su adolescencia, Sandra Milena no le gustaban los zoológicos. Como amaba tanto los animales, odiaba que estos parques fueran sitios de confinamiento para ellos. Pero la vida te da sorpresas, como dice la canción. Cuando estudiaba administración ambiental, aplicó para la práctica en la Sociedad de Mejoras Públicas de Pereira y allí la enviaron al zoológico. Allá entendió que estos sitios son útiles, cuenta, por sus funciones educativa, investigativa y de protección a ejemplares que no tendrían otra manera de sobrevivir en la calle, después de que los traficantes de fauna, que en muchos casos son los mismos campesinos, los sacan de su hábitat para venderlos a necios de las ciudades que los quieren someter a vivir en su casa.

"Desde eso, hace más de 12 años, yo hago parte de las colecciones de los zoológicos", comenta la pereirana, quien, siguiendo con la idea de la transformación, explica que los trabajos deben ir en doble sentido: uno, los de maquillaje, es decir, de mejoramiento de las condiciones de vida de los animales, y dos, más atractivos para los visitantes porque no ven más esas jaulas de cemento y rejas que han visto siempre, con unos micos o leones caminando de un lado a otro, como enloquecidos por el encierro, pero que son apenas un acercamiento a lo que será el Plan Maestro, con condiciones más apropiadas aun.

Ambientalistas con reservas

Sin embargo, los voceros de las organizaciones dedicadas a la protección de los animales siguen teniendo reservas.

En reiteradas ocasiones, Aníbal Vallejo, de la Sociedad Protectora de Animales, ha dicho que su función educativa es cuestionable, puesto que llevan a los niños de los colegios a ver animales tras las rejas, de modo que no aprenden sobre ellos sus conductas ni su modo de vida.

Mauricio Gómez, de Defenzoores, señala que la mayor parte de los animales del zoológico —no solo el Santa Fe— no puede desarrollar los movimientos mínimos de su especie. "En la selva esparcen semillas, aquí no lo hacen".

Considera estos parques unos sitios donde explotan a us habitantes, pues ganan plata exhibiéndolos, y más cuando los ponen a trabajar de noche, en "unos safaris, cuando deberían estar durmiendo". Aunque le encuentra "algún tono positivo", en cuanto a la recuperación de fauna que ha sido sustraída de su ambiente y se desea liberar.

La Directora del Santa Fe expresa ser consciente de todo eso. Asegura que ninguno de los animales está sufriendo. No adoptará especies mayores, con excepción de una pareja de hipopótamos que están muy adaptados al parque.

Y en cuanto a la investigación y recuperación de fauna, Sandra Milena cuenta que, no por capricho sino por decisión de la Asociación de Parques Zoológicos y Acuarios de Colombia, Asopazoa, de la que el de Medellín hace parte, a este le encomendaron la misión de recuperar el tití gris, el cóndor de los Andes, la guacamaya verde limón, el paujil pico azul y el mono aullador rojo.

El zootecnista Darwin Ruiz, encargado de las reproducciones, especialmente de aves, explica que es el único zoológico donde se ha conseguido la reproducción de la mencionada guacamaya y que en cuanto al cóndor, en Colombia no habían tenido el éxito que sí alcanzaron en otros países de Suramérica, pero que en la actualidad parece que le están dando la seriedad y el apoyo que este proyecto requiere.

El zootecnista habla mientras mira las dantas, las cuales ya tienen un espacio más amplio. Ellas comparten sin estorbarse con algunos monos un espacio más bien amplio. Los primates, en los árboles de una isla; aquellas, en el agua donde caminan y retozan. Y nada de rejas.



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