El informe también destaca la necesidad de contar con mejor información y con una gestión adecuada para minimizar los riesgos derivados de los agentes químicos, y plantea el problema del aumento reciente del comercio ilegal del marfil de elefante y de los cuernos de rinoceronte.

En los últimos años se ha intensificado la reducción de la capa de hielo estival del Ártico, que llegó a alcanzar un mínimo de 3,4 millones de kilómetros cuadrados en 2012, un 18% inferior al último mínimo registrado en 2007 y un 50% por debajo de la media de las décadas de los ochenta y los noventa. El hielo terrestre también está desapareciendo y el permafrost se derrite.

La desaparición del hielo facilita el acceso a los recursos naturales como el gas y el petróleo, lo cual provoca un aumento de la actividad humana que puede suponer una amenaza para los ecosistemas y la fauna silvestre, cuyo estado es frágil ya.

Con la desaparición del hielo y la nieve, que facilita el acceso y el transporte, se prevé que la importancia del Ártico en el ámbito de la energía mundial y el suministro de minerales aumentará considerablemente.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos estima que el 30% del gas natural mundial sin descubrir está en el Ártico, principalmente en las plataformas continentales bajo el Océano Ártico. Se calcula que más del 70% de los recursos petrolíferos que aún no se han descubierto en el Ártico se encuentran en el norte de Alaska, la cuenca amerasiana, el este de Groenlandia y otras zonas.

El retroceso del hielo marino también provoca que la ruta marina septentrional y el pasaje del noroeste se abran a la navegación en ciertas épocas el año. Algunos países han previsto que la ruta marina septentrional se convierta en una autopista de navegación “de relevancia mundial” con un tráfico cuarenta veces superior en 2020.

Asimismo, es muy posible que se produzca un auge de la pesca como consecuencia del desplazamiento hacia el norte de las especies subárticas, tales como el bacalao del Pacífico y del Atlántico, que ya se ha había previsto con anterioridad. Un estudio pronostica para 2055 un incremento de entre el treinta y el setenta% de las capturas en altas latitudes.

La suma de la rápida transformación ambiental y la demanda de recursos puede interrumpir la hidrología, poner en peligro los ecosistemas, impedir la migración del caribú y el reno y alterar gravemente el estilo de vida de los pueblos indígenas. También plantea una serie de cuestiones geopolíticas importantes que casi con certeza tendrán consecuencias mucho más allá del Ártico.

El Consejo Ártico desempeña un papel central a la hora de garantizar que los recursos se exploten de modo responsable. Ha estudiado el desarrollo sostenible del Ártico a través de informes sobre la nieve y el hielo, la contaminación, los efectos del cambio climático, el transporte, el desarrollo humano y la biodiversidad, y ha adoptado medidas para mejorar la gobernanza ambiental.

Gobernanza y deshielo

En la actualidad, la mejora de la gobernanza ocupa un papel central, debido a que el hielo ha disminuido con mayor rapidez de lo que estimaba el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que preveía el deshielo total del Ártico para 2100. Hoy en día, la predicción más extendida apunta a que esto podría darse ya en 2035.

Existen múltiples motivos por los que el Ártico se está calentando al doble de velocidad que el resto del mundo. Las corrientes oceánicas y atmosféricas llevan más calor al Ártico y la reducción del reflejo de la luz solar provocada por el propio deshielo contribuye a que el derretimiento sea mayor.

El derretimiento del permafrost contribuirá a su vez a un mayor calentamiento, ya que la materia orgánica que contiene —hasta 1.700 gigatoneladas de carbono en el hemisferio norte— también se derrite y se descompone, y libera el carbono retenido en forma de CO2 y metano.



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