Características de las dehesas

Las dehesas mediterráneas forman característicos paisajes donde conviven pastos herbáceos con un arbolado disperso. Se desarrollan sobre suelos muy pobres, de escasa aptitud agrícola, cuyo principal aprovechamiento es la ganadería extensiva.

Las dehesas se distribuyen principalmente por el suroeste de la península ibérica y representan el 20% de la superficie forestal española (3,5 millones de hectáreas). Son sistemas reconocidos internacionalmente por su importancia ecológica, socioeconómica y cultural, manteniendo niveles altos de diversidad biológica en comparación con los bosques originales de los que proceden.

Las dehesas ibéricas requieren de pastoreo para su conservación. El ganado o los grandes herbívoros silvestres (por ejemplo, los ciervos) son los encargados de mantener y perpetuar la diversidad de especies herbáceas a través del pastoreo. La intensidad, el tipo y la continuidad del pastoreo determinará la estructura y composición de las dehesas así como las posibilidades de regeneración del arbolado (encinas y alcornoques).

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y la Universidad de Stanford (California, EE UU) ha estudiado las posibilidades de regeneración de este valioso ecosistema bajo  tres modelos representativos  de gestión en régimen extensivo: con ganado ovino (ovejas), con ganado bovino (vacas) y con ungulados silvestres (fundamentalmente ciervos). 

El trabajo, en el que han participado por parte de la UPM expertos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natura, ha evaluado específicamente la capacidad de regeneración de las encinas situadas en dehesas del centro peninsular. Para ello, se analizó el efecto de los tres modelos de gestión (ovino, bovino y ciervos) en fincas donde se practicaba el mismo tipo de manejo durante los últimos 30 años.

Los resultados de este trabajo muestran densidades de regenerado (plántulas y pequeños arbolillos) muy bajas, con menos de 1,25 plántulas por cada 100 metros cuadrados, en las dehesas pastoreadas por ganado bovino. Por su parte, las pastoreadas por ganado ovino tenían tres veces más regeneración, mientras que las que eran transitadas por ungulados silvestres (ciervos en densidades bajas) contaban con hasta 5 veces más plántulas que las primeras.



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