Apoyado en estudios de sismos , Jorge Hernán Estrada Estrada, profesor e investigador del Grupo en Redes y Distribución de Potencia, de la Universidad Nacional de Colombia, aplicó un método basado en el modelo matemático de la entropía de múltiple escala (MMSE por sus siglas en inglés), a través del cual es posible definir en qué momento se puede presentar un movimiento telúrico.

Aunque la MMSE es una técnica usada en la medicina, su utilidad en estudios sísmicos deriva de la similitud entre un volcán y el corazón, ya que permite conocer los cambios electromagnéticos que se presentan en la ionósfera (capa superior de la atmósfera) antes de que ocurra un sismo o terremoto.

Un volcán presenta movimientos similares a la diástole y la sístole, visibles cuando se produce la erupción. Se dice que la entropía (medida de la variabilidad o de la alteración) es un desorden, pero no en el sentido negativo, pues la variabilidad entre pulsos es una característica de riqueza y ganancia”, advierte el docente. Gracias a ello el planeta presenta ciertos cambios de temperatura, movimientos telúricos y otras manifestaciones naturales.

Para llegar a esta conclusión, el investigador estudió diferentes eventos sísmicos, entre los que se encuentran el del volcán Cerro Machín (Tolima), que durante diciembre del 2009 tuvo valores de MMSE casi constantes, excepto el día 25, cuando se presentó un enjambre de más de 200 sismos.

Este y otros eventos fueron recopilados por el microsatélite Demeter (lanzado desde el 2004 hasta el 2010 por el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia), el cual no solo medía las variaciones del plasma (gases) y los campos electromagnéticos de la ionósfera, sino que tenía como ruta las áreas de fallas tectónicas y volcanes del planeta.

Mensajes de la naturaleza

Se encontró que la entropía disminuye drásticamente durante el día del evento y aumenta la temperatura de la ionósfera y la cantidad de electrones por cm3 (densidad), en el área donde se está gestando el movimiento telúrico.

“Antes de que suceda algo, la naturaleza siempre envía mensajes que hasta ahora comienzan a entenderse. El objetivo es decodificarlos y extraer la información para conocer más la dinámica de los volcanes y de las fallas, y así predecir la fecha del evento”, afirma el doctor en Ingeniería.

Dichas señales son el resultado de la fricción entre placas tectónicas, que produce cambios en las ondas electromagnéticas, notables en la parte baja de la ionósfera.

“El trabajo consiste en explorar la respuesta de la ionósfera a estos estímulos o perturbaciones electromagnéticas, ya que esta capa es como un espejo que refleja lo que sucede en la corteza terrestre”, explica el experto.

Se estudia la ionósfera porque allí se encuentra un número considerable de iones que tienen estrecha relación con la energía solar, por lo cual el calentamiento del aire (ionización) depende del proceso que se realice en su interior.

La conexión entre la litósfera y la ionósfera se da a través del campo eléctrico atmosférico vertical. Emanaciones de radón (elemento reactivo y gaseoso) presentes en los eventos sísmicos pueden modificar el campo y facilitar que penetren la ionósfera.

Según el docente, los resultados mostraron anomalías en esta capa, días antes de los eventos sísmicos, aún cuando por esas fechas los índices geomagnéticos y la actividad solar se encontraban estables. Por ello, las perturbaciones eléctricas en esta parte de la Tierra se relacionan con la actividad sísmica.

El académico de la Sede Manizales espera que este método sirva de insumo para constituir un equipo detector de cambios y así dar un primer paso en la predicción de estos eventos.



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