La recuperación de ecosistemas que plantea esta iniciativa está basada en tres aspectos fundamentales: la instalación de colmenares de polinización en aquellos lugares donde hay déficits; el préstamo de colmenas para facilitar el comienzo en la actividad de apicultores noveles y la recuperación de enjambres que se instalan en zonas habitadas, para evitar daños a la salud pública y enfermedades de las propias abejas (que pueden morir por causa de la “Varroa”, un género de ácaro, así como de otras enfermedades oportunistas).

En líneas generales, con la instalación de colmenas y su mantenimiento, se procura potenciar la polinización entomófila y, consecuentemente, la productividad de los bosques, promover su conservación y la de las especies que los habitan.

Las actuaciones previstas en el marco del proyecto no solo están encaminadas a contribuir a la preservación del medio ambiente, sino también a la generación de empleo asociado al medio rural, a través de la formación de personas decididas a iniciarse en el mundo de la apicultura.

Una buena polinización de las plantas proporciona alimento y mejora de hábitats para la fauna con la que conviven. Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, 2004), las abejas son responsables de la polinización de más del 80 por ciento de la vegetación mundial y, en menor medida, también lo son las aves y mamíferos. Así, la importancia de los insectos en esta labor es tal, en especial la de las abejas, que su desaparición comprometería seriamente la supervivencia de numerosas especies vegetales y animales y provocaría cuantiosas pérdidas a la agricultura.



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