A medida que se acelera la deforestación de la Amazonia, políticos y funcionarios brasileños describen con cada vez más frecuencia a los grupos extranjeros que trabajan en la selva como una amenaza a la seguridad nacional que debe controlarse.

Ejércitos invasores, ladrones de plantas medicinales y espías están entre las razones que esgrimen los funcionarios en Brasilia para justificar medidas más duras, como límites a la propiedad de tierras y restricciones a las actividades de grupos ecologistas.

Aunque hace tiempo que se habla de planes extranjeros para hacerse con los recursos amazónicos, especialmente en los círculos militares y de inteligencia, en los últimos meses – un período que ha coincidido con un aumento en el ritmo de destrucción de la mayor selva tropical del mundo -, esas voces han cobrado fuerza.

"La creciente adquisición de tierra de parte de extranjeros en la Amazonia es una amenaza a nuestra seguridad nacional, necesitamos imponer restricciones ahora", dijo a Reuters el senador Joao Pedro.

Por su parte, el Gobierno acusa a algunas organizaciones no gubernamentales de biopiratería – robar plantas medicinales para uso farmacéutico -, aunque ha entregado pocas pruebas. En cualquier caso, este mes se advirtió a las ONG extranjeras de que podría prohibírseles la entrada si no entregan informes detallados de sus actividades.

Los ecologistas aseguran que se les está utilizando como chivos expiatorios y temen posibles censuras, mientras que algunos críticos apuntan a que la oposición a la influencia extranjera es una reacción a las peticiones de intervención internacional para combatir la deforestación.

A su vez, el coronel retirado Soriano Neto, ex oficial de inteligencia del Ejército, dijo a la agencia de noticias estatal que "en algunos casos, estas organizaciones no gubernamentales son el frente de intereses económicos de países hegemónicos. Son depredadores y espías que persiguen la biodiversidad de nuestra Amazonia".

Invasión del Amazonas

El ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim, afirmó en abril que una invasión extranjera a gran escala en la Amazonia es una amenaza de seguridad posible, aunque remota.

Y en mayo, el jefe del Ejército para la Amazonia advirtió que las fronteras de Brasil son vulnerables a incursiones extranjeras a través de los territorios indígenas, que albergan a trabajadores extranjeros.

También el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que la preocupación internacional sobre la destrucción de la Amazonia debida a la producción de carne, soja y etanol responde a intentos de sus rivales para socavar las exportaciones brasileñas.



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