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La necesidad de abordar la inminente crisis climática parece entenderse más que nunca. Sin embargo, a pesar de los avances, aún queda camino por recorrer para alcanzar los objetivos de emisiones cero neto. Pasar del compromiso a la acción no ha sido fácil hasta ahora y McKinsey ha identificado cinco razones principales que lo explican, al tiempo de plantear nueve requisitos para una transición energética más ordenada.

Las cinco razones que explican la complejidad de abordar el cero neto hacia una transición energética son las siguientes:

  1. El aumento requerido del gasto en activos físicos (tanto gastos de capital como gastos de consumo en bienes duraderos) para llegar a cero neto en 2050 es sustancial. McKinsey estima que este gasto representa un aumento de alrededor del 60 por ciento en relación con la situación actual, al pasar de 5,7 a 9,2 billones de dólares anuales.
  2. La transición exige una acción colectiva y global y conlleva opciones difíciles. De hecho, es probable que los efectos del cambio climático y de cualquier efecto a corto plazo de la transición climática sean regresivos y afecten más duramente a las comunidades y poblaciones más pobres.
  3. Las partes interesadas tendrían que actuar cuanto antes: el desafío es que existen tanto compensaciones percibidas como reales entre la obtención de emisiones cero netas en el futuro y la captura de oportunidades de crecimiento en la actualidad
  4. Cumplir con estos requisitos implicaría modificar las prácticas empresariales Hasta el momento, ha resultado difícil de lograr modificar estos patrones y superar la inercia prevaleciente (sin beneficios inmediatos que necesariamente resulten diferenciados para quienes hacen los cambios).
  5. El papel central de la energía en toda la actividad económica y las consecuencias que las disrupciones en los mercados energéticos pueden acarrear ponen de relieve la importancia de una transición ordenada.

Transición energética

Alcanzar el cero neto es, en esencia, resolver una ecuación que equilibra las fuentes y los sumideros de emisiones reduciendo en la mayor medida posible las emisiones de GEI y aumentando al mismo tiempo los almacenes de GEI para eliminar las emisiones restantes de la atmósfera.

Esto sería la «ecuación de cero neto». En realidad, se trata de un sistema de ecuaciones, pues la ecuación de las emisiones va acompañada de un capital y una ecuación laboral; la demanda de capital y mano de obra en una economía neta de cero debe coincidir con la oferta, en el tiempo y entre regiones.

Y, estas ecuaciones deben resolverse simultáneamente al tiempo que se persigue el desarrollo económico y el crecimiento inclusivo. Esta es una tarea no trivial tanto por las razones mencionadas anteriormente como por una serie de desafíos técnicos.

Los nueve requisitos fundamentales para resolver la ecuación cero neto

Dada la complejidad del asunto, un paso crítico en esta coyuntura es comprender mejor los requisitos fundamentales para resolver estas ecuaciones, así como las interdependencias entre estos requisitos. Para ello, McKinsey propone un marco holístico para hacerlo, que implica nueve requisitos clave que aplican para cualquier sector, y donde todos los actores involucrados en los sectores público, privado y social deberán desempeñar un rol si se quieren cumplir.

Estos requisitos son

  1. La innovación tecnológica que puede acelerar la transición y será esencial para reducir las emisiones globales y ayudar al mundo a lograr emisiones netas cero.
  2. La capacidad de crear cadenas de suministro a escala y apoyar la infraestructura. Para facilitar y desplegar las tecnologías necesarias será necesario, a su vez, aumentar la capacidad de producción y distribución y crear cadenas de suministro globales.
  3. La disponibilidad de los recursos naturales necesarios (materias primas, la tierra y el agua).
  4. Estructuras efectivas de reasignación y financiación de capital. Según la estimación de McKinsey, el escenario neto cero para 2050 implicaría un gasto en activos físicos de 9.200 millones de dólares al año en sistemas de uso de energía y tierra hasta 2050. Esto representa 3.500 millones de dólares más que el gasto anual actual en estas áreas, todo lo cual tendría que ser gastado en el futuro en activos de bajas emisiones.
  5. Gestión de los cambios en la demanda y aumentos de los costes unitarios a corto plazo.
  6. Mecanismos de compensación para hacer frente a los impactos socioeconómicos. Una combinación de la caída de la demanda de productos con altas emisiones de carbono y la creciente demanda de productos con bajas emisiones de carbono resultaría en la reasignación de mano de obra entre empresas, sectores y potencialmente incluso geografías.
  7. Estándares rectores, mecanismos de seguimiento y mercado, e instituciones efectivas.
  8. Compromiso y colaboración entre líderes del sector público, privado y social a nivel global.
  9. Apoyo de ciudadanos y consumidores, ya que para lograr una ruta de 1,5 °C, los comportamientos de consumo probablemente tendrían que cambiar, por ejemplo, cambiando a vehículos eléctricos, renovando o acondicionando hogares o reduciendo las emisiones de carbono de otras maneras significativas, como comer menos carne o reducir los viajes.

Cinco conclusiones principales

  1. Gran parte de la atención prestada hasta la fecha se ha centrado en los tres primeros puntos, que hacen referencia a los componentes físicos, pero es necesario ampliarla para abarcar también al resto de requisitos.
  2. Cumplir con los nueve requisitos es innegablemente difícil. Cumplirlos lo suficientemente rápido como para limitar el calentamiento a 1,5ºC será aún más.
  3. Mientras tanto, la adaptación y la resistencia serán de importancia decisiva. La ciencia climática nos dice que, debido a la inercia en el sistema geofísico, cierta cantidad de calentamiento adicional ya se ha estancado en la próxima década, independientemente de la ruta de las emisiones.
  4. Se necesitarán principios claros para garantizar que el mundo equilibre adecuadamente las consecuencias a corto plazo y los beneficios a largo plazo.
  5. Reformular la forma en que el mundo y nuestra economía funcionan es una tarea sustancial y requerirá que todos los interesados desempeñen un papel.

Transición energética: no existe una solución fija

Según McKinsey, no existe una solución fija y predefinida para las ecuaciones de cero neto. Existen docenas de cuestiones críticas que deben ser abordadas y cientos de elementos de solución que deben ser considerados y combinados entre sí.

Por lo tanto, el proceso de solución sólo puede ser reiterativo y proceder en paralelo con una mejor comprensión de las ecuaciones, sus dificultades y los medios para eliminar estas dificultades. No es difícil imaginar que el proceso de solución estará plagado de retos y contratiempos. Por tanto, McKinsey considera que cuanto antes y mejor se cumplan los requisitos fundamentales descritos anteriormente, mejor será, probablemente, el ritmo de convergencia.

Fuente: José A. Roca / El Periódico de la Energía,

Artículo de referencia: https://elperiodicodelaenergia.com/los-nueve-requisitos-que-mckinsey-considera-imprescindibles-para-una-transicion-energetica-mas-ordenada/,



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