Ésa es la cuestión que van a debatir en Toledo, durante varios días, más de 350 expertos internacionales en energía de fusión; con motivo de la decimoctava edición de la Conferencia Internacional de Interacción Plasma-Superficie en dispositivos de Fusión (PSI en sus siglas inglesas).

Se trata de un importante acontecimiento, ya que en los 36 años de historia de estas Conferencias sobre Fusión, ésta es la primer vez que se celebra en nuestro país, en el incomparable marco de Toledo. En ella, representantes de los países que integran el proyecto ITER, el mayor dispositivo de Fusión fabricado hasta la fecha, que tiene previsto su arranque a finales de la próxima década en Cadarache, Francia, se reúnen para debatir cuál es la mejor opción para los materiales próximos al plasma. No existe en el mundo ningún material capaz de soportar los más de 100 millones de grados necesarios para el proceso de la Fusión del deuterio y tritio (isótopos del hidrógeno), por ello, se utilizan botellas magnéticas o " Tokamaks" para confinar el plasma, el estado natural de la materia en esas condiciones extremas. Sin embargo, confinar el plasma no es suficiente, ya que una parte no despreciable de la energía liberada se ha de canalizar a zonas especiales de la vasija metálica o reactor. Las cargas térmicas en estas zonas son colosales, y materiales tan resistentes como el wolframio o la fibra de carbono podrían ser volatilizados de inmediato si la investigación llevada a cabo en los últimos 30 años no hubiera encontrado ya algunas soluciones eficaces al problema.

La fusión de isótopos de hidrógeno es el mecanismo responsable de la existencia de las estrellas y constituye hoy en día una opción de suministro perpetuo de energía libre de emisiones contaminantes. Los retos planteados con vistas a su comercialización han motivado la construcción de ITER, en el que los científicos pretenden reproducir las condiciones de trabajo habituales en un futuro reactor de fusión.

El objetivo de este congreso es servir de foro para aunar esfuerzos en el desarrollo de materiales capaces de soportar condiciones tan extremas, que sigue siendo uno de los aspectos críticos; es precisamente este reto el que tienen que resolver la tecnología espacial, microelectrónica y toda aquella disciplina que se enfrente a problemas de disipación rápida del calor.



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