El ministro de Industria, Toshimitsu Motegi, ha anunciado este martes que el Gobierno ha accedido a la petición de TEPCO y del Fondo de Responsabilidad por Daños Nucleares sobre la entrega de más recursos para resarcir a los damnificados por el accidente nuclear.

La compañía eléctrica y el organismo autónomo han argumentado, al solicitar los fondos adicionales, que los costes de las indemnizaciones son superiores a los previstos inicialmente, según ha informado la televisión pública NHK.

Con ello, la cantidad de dinero público destinada a las indemnizaciones por Fukushima-1 asciende a tres billones de yenes (29.000 millones de euros), aunque se espera que aumente por el coste de la descontaminación de la central nuclear.

El 11 de marzo de 2011, un terremoto de nueve grados en la escala de Richter y un tsunami arrasaron la costa de la prefectura japonesa de Fukushima (noreste), dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania.

Fukushima-1 estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

Ello provocó la liberación de una gran cantidad de partículas radiactivas a la atmósfera. Desde entonces, operadores de TEPCO, que gestiona Fukushima-1, tratan de enfriar la central nuclear bombeando agua hacia sus seis reactores.

La gran cantidad necesaria para devolver a Fukushima-1 a niveles seguros de radiactividad ha obligado a construir tanques subterráneos para almacenar el agua contaminada, pero en los últimos meses se han producido varias filtraciones.

Para solucionarlo, TEPCO había propuesto dar salida al agua radiactiva a través del océano, sin embargo, los pescadores locales y la comisión gubernamental se han opuesto, esta última argumentando que sería impensable evacuar las 400 toneladas de agua que se filtran diariamente.

La alternativa que contempla la comisión gubernamental, por su parte, es construir una red de tuberías heladas en el subsuelo de Fukushima-1 que formen una especie de "muro helado" que impida el paso del agua radiactiva.



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