Dos veces al año sufrimos la inconveniencia de atrasar o adelantar nuestros relojes un hora, pero un reciente estudio en EEUU demuestra que la medida, pensada para reducir el consumo de luz, puede suponer más gasto de energía que ahorro.

Un equipo del departamento de la Universidad de California en Santa Bárbara estudió durante tres años las cuentas de la luz de 250.000 hogares de Indiana, un estado que no incorporó el cambio de hora para todo su territorio hasta 2006.

El estudio concluye que cuando los ciudadanos adelantan sus relojes una hora en primavera gastan más energía que si no lo hicieran.

La factura de la luz de Indiana subió unos 8.600 millones de dólares al año por la introducción del horario de verano, a lo que se suman entre 1.600 y 5.300 millones de dólares anuales en "costes sociales por el aumento de las emisiones contaminantes".

La causa está en que el horario de verano supone menos horas de luz por la mañana y más por la tarde, lo que dispara el uso de la calefacción cuando nos levantamos en primavera y, sobre todo, el del aire acondicionado al final del día en los meses calurosos.

Numerosos expertos e, incluso, responsables de compañías eléctricas habían expresado sus dudas sobre los efectos del cambio de hora en el consumo de energía, pero es la primera vez que un estudio lo demuestra con datos empíricos.

Laura Grant, coautora del estudio, dijo a EFE que el informe concluye que el balance es negativo y que "en lugares con un clima más caluroso que Indiana el gasto aún es mayor" por el uso más frecuente del aire acondicionado.

Grant considera que el cambio de hora en verano puede suponer ventajas en otras áreas como, por ejemplo,"el comercio, porque disponemos de más horas de luz para hacer compras", pero no es realmente efectivo para ahorrar energía.

También se ha demostrado que ayuda a disminuir los accidentes de tráfico porque los conductores tienen más luz aunque, en este caso, "tiene la desventaja de que se acaba aumentando la contaminación porque la gente tiende a conducir más".

Grant recomienda, al menos, aprovechar realmente la luz del sol en verano y que se invierta en medidas que ahorran energía como "bombillas de bajo consumo y electrodomésticos más eficientes".

Actualmente, uno 70 países adelantan sus relojes una hora al comienzo de la primavera con el fin de aprovechar mejor la luz solar y reducir el consumo de energía y vuelven a retrasarla en otoño para volver al horario normal.

EEUU introdujo el horario de verano hace quince días, mientras que Europa lo ha hecho la pasada madrugada del 30 de marzo.

La medida fue propuesta por primera vez por el congresista estadounidense William Willet en 1907 y se utilizó ampliamente durante la Primera Guerra Mundial para ahorrar carbón.

El primero en idear algo parecido al cambio de hora fue el científico y político estadounidense Benjamin Franklin que en 1784 observó la "inmensa suma que la ciudad de París podría ahorrar si usara la luz del sol en lugar de velas".

Pero Franklin no propuso adelantar la hora, sino que, satíricamente, sugirió cobrar impuestos por las cortinas, tocar las campanas de las iglesias a la salida del sol o tirar cañonazos por las calles para hacer que los parisinos se levantaran antes.



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