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La contaminación atmosférica está detrás de aproximadamente una de cada cinco muertes en el mundo, según una investigación realizada por la Universidad de Harvard (EEUU), el University College Londres y otras dos universidades británicas. El estudio, publicado en la revista Environmental Research, sostiene que más de ocho millones de personas mueren prematuramente al año en el mundo por la contaminación derivada de la quema de combustibles fósiles.

El informe aumenta notablemente las estimaciones anteriores, aunque está en sintonía con otro reciente estudio del European Heart Journal, que llegó a estimar en 8,8 millones las muerte anuales causadas por la contaminación atmosférica. La OMS calcula que las víctimas mortales de la mala calidad de aire ascienden al menos a 7 millones al año (incluidos 3,5 millones por la quema de combustibles fósiles dentro de los hogares en los países en desarrollo).

El nuevo informe corrobora el papel de la contaminación atmosférica como un factor aún más mortal que el tabaco, por su contribución a enfermedades respiratorias, a enfermedades cardiovasculares, a accidentes cerebrovasculares y a varios tipos de cáncer.

“Nuestro estudio aporta nueva evidencia sobre cómo la contaminación del aire contribuye al deterioro de la salud global”, advierte Eloise Marais, geógrafa del University College de Londres (UCL). “No podemos seguir dependiendo con buena conciencia de los combustibles fósiles, ahora que sabemos los efectos sobre la salud y que tenemos alternativas viables”.

“Normalmente, cuando hablamos de los peligros de la combustión, es siempre en el contexto del CO2 y del cambio climático”, advierte Joel Schwartz, coautor del estudio y profesor de Epidemiología Ambiental de la Escuela de Salud Pública de Harvard. “Hasta ahora se ha subestimado el potencial impacto para la salud de los gases contaminantes que se emiten al mismo tiempo que los gases invernadero”.

Contaminación

La investigación se centra sobre todo en el papel de las partículas en suspensión de menos de 2,5 micras (PM2,5), que provienen en buena medida de las emisiones del tráfico y en especial de los vehículos diésel. “Esperemos que este estudio sirva para cuantificar las consecuencias de la quema de combustibles fósiles y para enviar un mensaje a los políticos y a las personas interesadas sobre los beneficios de una transición a otras fuentes de energía”, agregó Joel Schwartz.

El informe concluye que la exposición a material con partículas presente en el aire de de nuestras ciudades pudo contribuir al 21,5% de las muertes en el mundo en el 2012, aunque bajó al 18% en el 2018 por las medidas adoptadas en China, el país más expuesto a la contaminación atmosférica, seguida de India. El sureste asiático, el este norteamericano y las áreas urbanas europeas figuran entre los puntos negros de por la concentración de partículas contaminantes.

En Europa, las muertes prematuras se estiman en casi 800.000. En España, se calcula que 44.600 muertes anuales de personas mayores de 40 años (el 10,7% del total) pueden atribuirse a la contaminación.

El estudio va más allá de las conclusiones alcanzadas a partir las mediciones en superficie y de las observaciones por satélite. Los investigadores de Harvard han usado el modelo de química atmosférica en 3D GEOS-Chem (creado por el Instituto Goddard de la NASA) y con una alta resolución espacial, capaz de dividir la superficie terrestre en pequeñas “cajas” tridimensionales de 50 por 60 kilómetros y medir los niveles de cada “caja” individualmente.

¿Dónde se concentra?

“En vez de recoger datos de promedios en cada región, hemos querido localizar en el mapa dónde se concentra la contaminación y donde vive la gente, para saber exactamente lo que están respirando”, declaró Kam Vohra, de la Universidad de Birmingham, que ha contribuido también al estudio junto a la Universidad de Leicester.

Los investigadores calcularon la relación entre las partículas de menos de 2,5 micras y las emisiones contaminantes procedentes diversos sectores: del tráfico rodado a la industria, pasando por las calefacciones o la generación de energía. Una vez estimada la concentración de PM2,5 por cada “caja”, estudiaron el impacto en la salud humana y detectaron una correlación superior a la estimada hasta la fecha sobre el efecto de la contaminación atmosférica, especialmente en China e India.

El estudio de la Universidad Harvard puede servir a partir de ahora como referente en pleitos legales como el emprendido por la muerte de la niña de nueve años Ella Kissi-Debrah, fallecida en febrero del 2013 de “un agudo fallo respiratorio” en Londres.

“Ella murió por el asma causado por su excesiva exposición a la contaminación”, certificó el juez británico Philip Barlow. “Toda su vida discurrió en la proximidad de carreteras altamente contaminadas. No tengo ninguna dificultad a la hora de concluir que su exposición personal al dióxido de nitrógeno y a las partículas en suspensión fue muy alta y muy superior a los máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud”.

Fuente: CARLOS FRESNEDA / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2021/02/09/6022421c21efa06b6c8b45ca.html,



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