Los esfuerzos de Europa y de la comunidad internacional orientados a la protección del clima solían centrarse en la reducción a largo plazo de las emisiones de dióxido de carbono (CO2). No obstante muchas otras sustancias contribuyen al calentamiento de la Tierra, como los hidroclorofluorocarburos (HFCs), que se emplean en sistemas de refrigeración, o el negro de carbón, causante en gran medida del deshielo del Ártico. De ahí que los eurodiputados hayan aprobado una resolución para combatirlas.

El Parlamento Europeo aprobó este miércoles una resolución encaminada a reducir las emisiones antropogénicas que no provienen del dióxido de carbono. Los ponentes del texto, el eurodiputado popular austriaco Richard Seeber y el liberal griego Theodoros Skylakakis, también formularon una cuestión sobre el tema a la Comisión.

Para Seeber, "la política europea sobre la reducción del cambio climático debería contemplar la reducción de las emisiones no provenientes del CO2". Insistió en la idea de que "es posible hacerlo de una forma rentable con las herramientas de las que ya disponemos".

Emisiones no provenientes del CO2

Skylakakis también subrayó la importancia que el recorte de estas emisiones supondría para la reducción global del cambio climático. Ambos ponentes coinciden en que el precio público por reducir algunos de los hidroclorofluorocarburos es de 5 a 10 céntimos por tonelada, mientras que el precio del carbón ronda los 13 euros por tonelada.

Nueva política climática
 
La resolución, en definitiva, exige una política climática a nivel europeo que tenga en cuenta todas aquellas fuentes que contribuyen al calentamiento global, así como el mejor mecanismo para reducirlas. También insta a la Comisión a que disminuya gradualmente la producción y el consumo de los HFCs, a que acelere la eliminación de los mismos, y a recuperar y destruir los gases de efecto invernadero de los productos y equipos desechados.

Para frenar el retroceso de los glaciares, el texto pide que se adopten medidas para reducir las emisiones del negro de carbón, especialmente aquellas que afectan a regiones como el Ártico, Groenlandia y los glaciares del Tíbet y el Himalaya.

El documento también propone que se aplique a escala mundial la normativa sobre contaminación del aire y que se apliquen las tecnologías disponibles para reducir las emisiones del monóxido de carbono y de los óxidos de nitrógeno. De esta forma disminuiría el ozono troposférico antropogénico, un importante gas de efecto invernadero.



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