¿Conseguirá Oxford ser la primera ciudad "cero emisiones" del mundo?

"Todos los que conducimos vehículos de combustión en el centro de la ciudad estamos contribuyendo al aire tóxico que respiramos", advierte el concejal John Tanner, principal impulsor de la medida. "Tenemos que aportar nuestro grano de arena, desde los ciudadanos hasta el gobierno local, las instituciones y las empresas, para acabar con esta situación de emergencia sanitaria".

Se estima que la contaminación urbana contribuye a unas 40.000 muertes prematuras todos los años en el Reino Unido. Varios estudios vinculan el aire tóxico con afecciones respiratorias como el asma, con el aumento de enfermedades cardíacas e incluso con problemas cognitivos en la infancia.

Oxford es una de las 11 ciudades británicas en la "lista negra" de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por sobrepasar reiteradamente los límites máximos recomendados de concentración de partículas contaminantes. Pese a la peatonalización de gran parte del centro de la ciudad y al uso extendido la de bicicleta, algunas calles como High Street, St. Clements o St Aldates son auténticos "cañones" en los que se acumulan sobre todo las emisiones de los vehículos diésel como los taxis.

Reducción de la contaminación

Según un estudio del Ayuntamiento de Oxford, la prohibición de todos los coches no eléctricos en el casco urbano supondría una reducción de hasta un 75% de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en 2035. Las autoridades locales han reconocido sin embargo que hará falta un impulso suplementario a las infraestructuras para vehículos eléctricos para lograr el objetivo.

El Ayuntamiento ha conseguido una inyección pública de 1,5 millones de euros para la instalación de puntos de recarga eléctrica para la flota de taxis, así como un centenar de puntos para vehículos privados en zonas residenciales. Entre otras medidas, las autoridades locales implantarán tarifas reducidas en los aparcamientos para vehículos de "cero emisiones", así como la electrificación total de la flota de reparto comercial.

"El pragmatismo será importante, pero nos hemos fijado una meta ambiciosa que tenemos que lograr", recalca la concejala Yvonne Constance. "Se abre a partir de ahora un periodo de consultas de seis semanas en el que queremos escuchar a todas las partes implicadas, de los comercios a los residentes, pasando por los taxistas y las compañía de reparto".

Oxford ha decidido en cualquier caso dar un paso más allá que Londres, donde ha empezado a funcionar en octubre el denominado T-Charge, que funciona como un peaje de contaminación. El alcalde de la capital británica, Sadiq Khan, que padece asma desde niño y ha convertido la contaminación en su particular caballo de batalla, ha anunciado la creación en 2020 de una zona de emisiones ultrabajas, con la idea de limitar parcialmente la circulación de vehículos de combustión en el perímetro urbano.



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