PASEN Y VEAN, ¡BIENVENIDOS A LA FIESTA CONSUMISTA!

“¡Corre que vuelan!” “¡No te lo pierdas!” Son algunos de los eslóganes que podemos observar aquí y allá durante el  famoso fenómeno “Black Friday”. Se trata de un día en el que los comercios potencian y bombardean con sus ofertas para que consigamos todo lo que ¿necesitemos?

Los establecimientos y su publicidad nos ayudan para que cubramos ciertas necesidades  ¿O en realidad tan sólo esperan un aumento en las cifras de consumo? Nos marcan las pautas de lo que “queremos” o no adquirir en determinados momentos, eso es lo que ocurre. 

No se trata de ofertar aquello que satisface las necesidades del público objetivo al que cada anunciante se dirige, sino de generar en él la falsa ilusión de necesidad. Y eso es lo que sucede en esta sociedad capitalista que consume de un modo compulsivo constantemente. 

La celebración de este señalado “Viernes Negro” es una tradición estadounidense en la que, durante ciertos días, distintas marcas y comercios bajan sus precios. La mayor parte de la población cree a ciegas que esto ocurre a ciencia cierta. 

No obstante, ¿es así verdaderamente o quizás suben sus precios unos días antes para bajarlos una vez llegada la esperada y fantástica fiesta consumista? Sí, ese espectacular día en el que el consumismo se viste de gala para asistir a su estupendo evento, “Black Friday”, en vísperas, además, de las compras navideñas. 

Evento que, por supuesto, es seguido por muchos, algunos de los cuales jamás lo llamarían “Viernes Negro”, quizás porque en español no suena tan bien, quién sabe. 

Esta práctica podría ser tachada de anti sostenible, debido al carácter compulsivo que muchos imprimen en sus compras, elevado a la enésima potencia en un día como el que mencionamos. 

Es por ello que, en contraposición al archiconocido “viernes negro”, se celebra también el Día Mundial sin Compras, en el que se lleva a cabo un cese simbólico de todo tipo de adquisiciones.

 El objetivo es reivindicar unos hábitos de compra responsables, en el polo opuesto del consumo capitalista en el que nos hallamos inmersos, que cada vez nos aleja más a los seres humanos y que va en pro de los beneficios de las grandes empresas. 

No se trata de que los afortunado que vivimos en la parte buena del mundo debamos sentirnos mal cada vez que consumimos, nada más alejado de eso. La cuestión es intentar consumir durante todo el año del modo más responsable posible, pensando en lo que verdaderamente necesitamos. 

Tampoco significa esto que esté mal adquirir artículos no necesarios, para quienes se lo puedan permitir. Tan sólo consiste en que la norma no sea ésta. Todo estriba en la conciencia que imprimamos en todo momento en aquellas compras que llevemos a cabo. Pensemos en el tiempo de vida que hemos invertido para ganar el dinero que estamos gastando, no olvidemos si ese dinero es nuestro o de otras personas que nos sustentan hasta determinadas edades y tengamos muy en cuenta las personas que elaboran  los productos de consumo, el lugar y las condiciones en las que lo hacen.  

Consumamos de una forma responsable, ética y justa con el resto de personas del mundo y con el medio ambiente. 

Aboguemos por un reparto equitativo de la riqueza y una dosis de solidaridad. Planteémonos si la mayoría de los días del año estamos comprando lo que necesitamos. Y no perdamos de vista que, hoy por hoy, el nivel de vida se mide por el nivel de consumo. 

¿Es eso lo que queremos?