Este mes de febrero Venus brillará muy generosamente tras los atardeceres hasta su ocaso, después de las 22:00. También podremos observar, aunque con algo de dificultad, al pequeño Mercurio.

Hermanos de la Tierra

Mercurio y Venus tienen sus órbitas más cercanas al Sol que la de la Tierra, por eso nos referimos a ellos como ‘planetas interiores’. Vistos desde la Tierra, parecen oscilar en el cielo alrededor del Sol según van moviéndose por sus órbitas. La ‘elongación’ máxima (separación angular respecto del Sol) alcanza 20 grados para Mercurio y 45 grados para Venus.

Venus tiene tamaño, masa y composición similares a los de la Tierra, pero a causa de su proximidad al Sol, este planeta es un auténtico infierno. Además, la atmósfera venusiana es mucho más densa que la terrestre, lo que crea un extremo efecto invernadero. La temperatura media de Venus supera los 450ºC tanto en el lado diurno como en el nocturno.

Por su parte, Mercurio es el planeta más próximo al Sol y el más pequeño (su diámetro mide 4879 kilómetros, menor que la distancia Madrid-Nueva York). Aunque está más cerca del Sol que Venus, al no poseer atmósfera, su temperatura es menor que la de Venus y experimenta unos cambios extremos: alcanza los 350 grados en el lado diurno, pero desciende a 170 grados bajo cero en el lado nocturno.

Venus, después del crepúsculo

Venus se encuentra ahora a unos 150 millones de kilómetros de distancia de la Tierra y en estos días de febrero se muestra muy brillante (magnitud de -4).

Durante estos días puede observarse desde el crepúsculo hasta que se acuesta por el oeste, después de las 22.00 (hora peninsular). Un buen momento para observarlo es justo tras la puesta de sol, cuando su brillo contrasta con los colores del crepúsculo, o entre 20.00 y 21.00, cuando el cielo ya está oscuro pero el planeta permanece relativamente alto sobre el horizonte.

El día 27 podremos observarlo en una bonita conjunción con el fino filo del creciente lunar, en la constelación de Piscis (el novilunio habrá tenido lugar el día 23 en Acuario).

Por otro lado, los atardeceres de la primera quincena de febrero también serán ideales para observar Mercurio que permanecerá visible durante más de media hora tras la puesta de sol, por el oeste.

Sin embargo, el brillo de Mercurio (magnitud -1) es 16 veces menor que el de Venus y el pequeño planeta nunca se levanta demasiado sobre el horizonte, por lo que su observación no resulta tan fácil como la de Venus. Conviene buscar un lugar con horizonte despejado de obstáculos hacia el oeste. Tras localizar a Venus, debemos bajar la mirada hacia la tierra para localizar el discreto fulgor de Mercurio.

Las noches son ahora frías y el cielo, cuando está despejado de nubes, adquiere una particular transparencia. Se dan así unas condiciones muy idóneas para las observaciones astronómicas. Conviene pues aprovechar estas noches invernales para levantar la vista al firmamento y disfrutar del espectáculo celeste.

Fuente: RAFAEL BACHILLER / EL MUNDO,

Artículo de referencia: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2020/02/01/5e31c86d21efa088308b45e0.html,



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