Los pulpos son animales fascinantes, aunque suelan acabar en la mesa de los chiringuitos. Tienen un cerebro proporcionalmente tan grande como el de mamíferos y aves y un par de ojos muy similares a los humanos, con pupila, iris, lentes y retina.

Son maestros del camuflaje capaces de cambiar el color y la textura de su cuerpo, o de huir liberando una nube de tinta negra. Además, hay indicios de que sueñan cuando duermen.

Además de eso, los pulpos se han convertido en una inspiración para los científicos que investigan la vida extraterrestre. Están entre los pocos invertebrados que tienen una inteligencia similar a la de otros vertebrados, pero se caracterizan por tener un «cerebro» descentralizado en varias unidades, o ganglios, distribuidos por sus brazos.

Por eso, recientemente un grupo de científicos de la universidad de Washington en Seattle, que ha estudiado el comportamiento autónomo de sus brazos, los ha considerado como un modelo alternativo, muy interesante para estudiar la inteligencia alienígena.

«Esto –la inteligencia de los pulpos– nos permite entender mejor la diversidad de la cognición en el mundo», ha dicho en un comunicado Dominic Sivitilli, líder de la investigación, que presentó esta semana en la Conferencia de Ciencia de Astrobiología de 2019. Y, de hecho, también la que podría haber en otros mundos.

Hoy por hoy se sabe que cada brazo de un pulpo está controlado por su propio ganglio, un «mini-cerebro» que ordena al miembro moverse en respuesta a lo percibido por medio de las ventosas.

Este modelo descentralizado contrasta con lo hecho por los vertebrados, como peces o humanos, en los que un cerebro central y único, o bien una médula espinal, son los que emiten este tipo de órdenes.

Pulpos

Por eso, cuando el brazo de un pulpo rodea un trozo de comida , no es porque su cerebro le haya dicho «coge eso», sino porque la extremidad ha integrado la información recogida por los sentidos y ha ordenado ejecutar el movimiento, con independencia del cerebro central.

Curiosamente, resulta que cada ventosa contiene decenas de miles de receptores químicos y mecánicos, cuando la punta de un dedo humano apenas tiene cientos de sensores mecánicos, así que se puede decir que cuando un pulpo toca algo también lo está saboreando.

En esta ocasión, los autores del estudio han descubierto varias cosas interesantes, gracias a una cámara y un software para monitorizar el comportamiento de los cefalópodos y el procesamiento de la información en los brazos.

Gracias a eso han averiguado que el cerebro central de los pulpos apenas interviene en los movimientos de los brazos. En lugar de eso, han visto cómo cuando un pulpo toca algo el ganglio del brazo implicado procesa la señal y genera una respuesta.

También han averiguado que la ventosa implicada en percibir un estímulo genera una señal que se transmite a la ventosa vecina, activando los músculos y generando una señal ondulante que viaja hacia el centro del cuerpo.

Así, cuando la seña llega al cerebro central ya está «altamente abstraída», según Sivitilli, y no está relacionada directamente con las interacciones de los brazos.

Según este investigador, esto significa que, de alguna forma, los pulpos han llevado su cerebro a medio camino hacia el entorno. También muestra que existen otras formas de inteligencia, no centralizadas, lo que puede ayudar a los expertos a reconocer nuevas expresiones de inteligencia en otros mundos.

Fuente: G.L.S. / ABC,

Artículo de referencia: https://www.abc.es/ciencia/abci-tienen-pulpos-cerebro-alienigena-201907012059_noticia.html,



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